En directo | Efectos de la huelga de autobuses El paro en la compañía de transportes Arriva ha generado desconcierto, e incluso indignación, entre los vecinos de la comarca barbanzana afectados por esta situación
21 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?a huelga de los trabajadores de la empresa de autobuses Arriva ha cogido desprevenidos a numerosos ciudadanos de la zona, lo que ha provocado situaciones de verdadero nerviosismo en algunas estaciones de los municipios de Barbanza. A pesar de que la semana pasada ya se interrumpieron los servicios durante dos días, y de que la huelga se anunció en los medios de comunicación, la inactividad de los autocares en la jornada de ayer y, sobre todo, la falta de información sobre los servicios mínimos, cogió por sorpresa a muchos de los usuarios que no tenían conocimiento de la situación. El motivo de la huelga es la protesta de los chóferes para exigir la readmisión de tres compañeros despedidos y, según ellos, otros incumplimientos de acuerdos laborales. Esta compañía de autobuses es la única que cubre recorridos entre Rianxo, Boiro, A Pobra y Ribeira; y la única línea que comunica estos municipios con la capital gallega. De ahí que la suspensión de sus servicios afecte de forma relevante a la comarca. En las estaciones de las villas perjudicadas se pudo ver como los vecinos esperaban nerviosos. Algunos llegaron a estar una hora, con la intención de coger el autobús. Hasta que finalmente, alguien que pasaba por la calle o algún dependiente de una tienda, les decía que había huelga. Esta escena se repitió varias veces a lo largo del día. Falta de información La mayoría de la gente comentaba que, por lo menos, debían poner carteles en las estaciones informando de los días de huelga y las horas a las que va a haber servicios mínimos. Por otra parte, y para aumentar la indignación, cuando los usuarios telefonearon a la compañía para informarse, o comunicaba o salía un contestador automático en el que dejar un mensaje no valió de nada porque no se recibió respuesta alguna de los responsables. En la estación de Boiro, a mediodía, todavía había personas esperando el autobús de las once. Una señora lamentaba que su hijo había estado aguardando una hora y en el juzgado de Ribeira lo esperaban para una gestión importante. A su vez, un hombre comentaba que «por lo menos podían poner un autobús cada dos o tres horas, mucha gente tiene que ir a Santiago a una hora concreta para asuntos urgentes». El mismo caballero se mostraba indignado ante la resignación de sus vecinos: «El problema es que aquí nadie protesta, cogen un taxi y callan la boca. Si esto pasara en otro sitio se denunciaría». En la estación de Ribeira, la noticia de la huelga desconcertó a dos parejas que debían coger un tren en la capital gallega y no tenían en qué ir hasta allí. Un chico se dirigía a Santiago para dejar las llaves de un piso que debía entregar ayer. «Me parece bien que hagan huelga, pero tenemos que saber a qué hora podemos ir a Santiago para organizar nuestra vida, no puede haber esta desinformación», afirmó. Una señora mayor bromeaba diciendo que se marchaba caminando de Ribeira a Escarabote, y aprovechaba para hacer ejercicio. El buen humor es lo que le hace falta a los usuarios, pues la huelga continúa y a partir del 3 de octubre será de forma idefinida.