Reportaje | De fiesta a 685 metros sobre el nivel del mar Mandos y tropas del Escuadrón de Vigilancia Aérea número 10 honraron a la Virgen de Loreto con los actos castrenses de rigor
10 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.10 de diciembre. El santoral recuerda que toca felicitar a las mujeres bautizadas con el nombre de Loreto. Pero, aquí en la zona, tal fecha como la de ayer provoca que los radares detecten más movimiento de coches del habitual en la base del Escuadrón de Vigilancia Aérea número 10, enclavada en la cima del Iroite, a 685 metros de altitud. Y es que, en materia de seguridad y protección espirituales, es la Virgen de Loreto la que tiene por misión especial cobijar bajo su paraguas a los militares del Ejército del Aire. En el acuartelamiento noiés tienen por costumbre honrar a su benefactora con unos actos castrenses en los que, desde hace años, invitan a participar a autoridades políticas y civiles de la zona. El guión escenificado ayer apenas incorporó secuencias novedosas, salvo un cambio significativo en los papeles. La marcha hace unas semanas del coronel Pedro Martínez Cegarra dejó al frente de la jefatura del escuadrón al comandante Ramón Río Iglesias, al que, por lógica, le tocó ayer hacer los honores de presidir la celebración. En cambio, el sacerdote Marcelino Barros repitió rol, el de maestro de ceremonias en el capítulo dedicado a oficios religiosos. En su homilía, altura y grandeza fueron las claves. El cura describió a la Virgen de Loreto como la patrona de todas las patronas, la que tiene el altar más elevado; no en vano es la divinidad que vela por los aviadores. Pero, el párroco también quiso dejar un mensaje en el aire. Así, instó a los militares presentes a practicar el bien y a servir y hacer la vida agradable a los demás. Estos últimos ingredientes son indispensables, en palabras del predicador, para cocinar con éxito la receta de la grandeza humana. Música para acompañar Pero aún hubo más evocaciones aéreas en la fiesta celebrada en las instalaciones del Iroite. Para muestra, la interpretación, a cargo de la Coral del Liceo de Noia, dirigida por Domingo Barreiros, de la Salve aviadora . Como no podía ser menos en un acto de estas características, tampoco faltó el himno español, que sonó a ritmo de teclado de órgano. Llegado el momento de comulgar, un silencio sepulcral se adueñó del pabellón. Miradas de reojo y sólo unas pocas señoras se deciden a aproximarse al altar para recibir el sacramento. Ya en la recta final, llegaron los parabienes, en forma de condecoraciones al mérito aeronáutico y a la constancia en el servicio, que llenaron de brillo y color las solapas de las chaquetas de dos suboficiales y cuatro militares profesionales de tropa. Acertar con la aguja en la tela fue cosa del comandante Ramón Río Iglesias, en quien se posaron todas las miradas mientras duró la imposición de medallas. Luego, las retinas desviaron trayectoria y siguieron los pasos acompasados y milimétricamente calculados de los dos soldados que posaron una corona de laurel a los pies de la cruz de los caídos, en recuerdo especial este año de los compañeros del Ejército español que fallecieron en misión en Irak. En los bancos reservados para las autoridades se pudieron observar rostros conocidos como el de Xerardo Fernández Albor, ex presidente de la Xunta de Galicia; los alcaldes de Noia, Pobra, O Son y Boiro; la concejala de Rianxo Marisa Resúa, los máximos responsables de la Guardia Civil en la zona y otros muchos dignatarios que no dudaron en sumarse a la celebración de la festividad de Loreto.