El chapapote va a menos, pero no cesa de llegar

A. Dorca / J. M. Sande RIBEIRA

BARBANZA

SANDE

Aunque a cuentagotas, el crudo sigue tiñendo de negro el litoral barbanzano, donde la presencia de voluntarios es escasa, pese a ser todavía necesaria

20 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

?jenas a las cámaras de televisión y a los grandes titulares, con la guerra como parapeto informativo, prosiguen las labores de limpieza en las costas de Barbanza. Porque si bien es verdad que, tras los tempestuosos días de diciembre, por fin llegó la calma, no por ello deja el mar de traer crudo desde Aguiño hasta Carnota. Eso sí, a cuentagotas. El litoral aguiñense es, precisamente, el que mejor pinta tiene. Tanto es así que la presencia de voluntarios en la zona es muy esporádica, y ayer no se pudo ver ningún mono blanco rebozándose en la arena de alguna de sus playas. Nadie diría que fue allí, en el tramo que antecede a la boca de la ría arousana, donde el piche penetró con más saña en su momento -a excepción, claro está, de las costas que bañan Carnota-.Basta acercarse hasta la playa de A Muralla para verificarlo. Si en los primeros días de diciembre se llegaron a extraer de allí casi 800 toneladas de chapapote, hoy sólo quedan restos de fuel en sus rocas. De las playas de Couso y Area Basta, sirve decir lo mismo.En cuanto al parque natural de Corrubedo, cada vez se hace más difícil descubrir rastros del vertido en su interior. De todas maneras, unos cuarenta estudiantes de la Universidade de Vigo se esmeraban en meter en sus capachos pequeñísimas virutas que habían ido a parar, impulsadas por la marea, al arenal de A Ladeira, que antecede a la serpiente dunar. Agua a presión En el propio pueblo corrubedano, las tareas de regeneración medioambiental entraron ya en una fase ulterior: la de acometer la limpieza de sus rocas. Concretamente, desde hace dos semanas se está aplicando agua dulce a presión al pedregal que se extiende entre el dique portuario y la playa de O Prado. No obstante, en este último arenal era bien patente la presencia de grumos de fuel mezclados con restos de algas, que trazaban el perfil de las olas sobre la arena.La misma empresa que ayer se empleaba a fondo entre las piedras de Corrubedo había operado antes en otra zona rocosa próxima a Espiñeirido, arenal que separa los municipios de Ribeira y Porto do Son. Sin embargo, desde que los empleados regaron con agua a presión este último enclave, las dichosas galletas han hecho nueva aparición. Sobre todo, hace dos semanas.Y allí siguen. Solidificándose poco a poco y dejando un mensaje inequívoco: por mucho que se adecente el aspecto de las costas, nada se logrará en tanto no se corte el problema de raíz, actuando contra el petrolero para que no vierta más crudo.Un poco más allá de Espiñeirido, por fin más voluntarios. Se trataba de medio centenar de cooperantes -la mayoría de Algeciras- que se afanaban en Basoñas y As Furnas. Su labor se concentraba en las rocas, vestigios de todo el hidrocarburo que por allí pasó.En la playa de Río Sieira, en la parroquia de Caamaño, no había nadie, pues las tareas de limpieza habían tenido lugar a principios de semana. El aspecto del lugar es casi una calcamonía de los dos anteriores: rocas negras y arena limpia. En todo caso, una curiosidad. El río que da nombre a esta playa sonense había cambiado su curso en los últimos días. Afortundamente, debido a un fenómeno natural que se repite cada cierto tiempo. Nada tiene que ver con el Prestige .