Claustro de San Francisco-Muros

Carlos García Bayón

BARBANZA

El convento de San Francisco de Rial, en Louro, es en la actualidad, sin dejar de ser convento, parador rural a toda pastilla. La historia manda. Está a unos dos kilómetros de la villa, al pie del Oroso y lo cerca una poderosa muralla. Nació el eremitorio en el siglo XIII y en el XV se transformó en convento. Con la desamortización fue abandonado, pero pronto tornó a ser convento. Están sus piedras laceradas de reformas y añadidos. En el centro, sereno y pacífico, tiene un claustro de dos plantas que abraza un jardincillo con crucero. En una de las paredes se lee que elevaron sus paredes Bastián y su esposa Marga Perero, en el año 1646. Ya llovió. Del claustro primitivo quedan las columnas esquinales con sus capiteles en la parte alta. Una de estas la ofrezco en el dibujo. Desperdigados por otros pasajes del convento existen contados testimonios de la fábrica primitiva. Un original vía crucis, del que ya escribí, asciende el monte con sus quince estaciones. Son formas cilíndricas rematadas en conos y nichos con imágenes. Se construyó en 1877. Hace años lo recorrí. Conviene saber alpinismo. Pero el paisaje vale la pena, así como las jaculatorias que se ganan. Parador rural Efectivamente, el convento de San Francisco es ahora parador rural. Cerca tiene una maravillosa playa y, a la otra banda, todo un bosque de pinos. Un lujo para el descanso y también para la admiración. En el atrio hay una fuente que dicen otorga la salud. Oigo hablar francés, inglés, alemán, castellano. Es el ecumenismo. En cambio, el convento que tenía el latín lo ha perdido. La historia es así: ganamos por un lado y perdemos por el otro. No por eso deja de ser un atractivo retiro donde puede caber a cabales la meditación. Y, al tiempo, conservar con cariño y respeto las memorias románicas que tanto prestigian una arqueología como el convento parador de Louro.