El taller Bradomín, de Pobra, representó en Ribeira «El cadáver del señor García», una obra de Enrique Jardiel Poncela El taller de teatro Bradomín, de la Asociación de Amas de Casa de Pobra, actuó este viernes por primera vez en Ribeira con la presentación de su obra «El cadáver del señor García», una versión libre de la comedia de Enrique Jardiel Poncela, justo en el año en que se cumple un siglo de su nacimiento. La representación contó con una característica particular, y es que todos sus personajes fueron interpretados por mujeres. El público, no tan numeroso como en otras ocasiones, disfrutó con las risas y sustos que se sucedieron durante más de una hora. Cabe destacar el acierto en la elección del vestuario y en los efectos sonoros.
10 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.La función comenzó con la intervención de cuatro presentadoras que recalcaron que lo que el público iba a ver era una versión bastante libre del texto de Jardiel Poncela. A continuación, fueron las encargadas de repartir los programas de mano entre los espectadores. Después, la sala quedó a oscuras y sonaron unos fuertes disparos, que levantaron de su butaca a más de uno. El escenario se iluminó y pudo comprobarse cómo un hombre yacía tendido en un diván ante las miradas horrorizadas de los habitantes de la casa. La obra se desarrolló como un encadenamiento de enredos y equívocos. Los personajes contaban con una caracterización muy fuerte. Así, una de las doncellas repetía aterrorizada frases sin sentido, mientras que la portera sólo sabía hablar a gritos. Sus maneras de actuar eran perfectamente previsibles, lo que acrecentaba el efecto cómico de la interpretación. El guión iba llevando al público a sacar conclusiones acerca de las causas de la muerte del señor García, pero la acción siempre acababa dando un giro inesperado que hacía aumentar el interés por el desenlace final. La parte musical también fue un elemento destacable, pues, cuando era necesario, sonaban melodías de intriga que ayudaban a ambientar la escena. Durante el resto de la actuación predominó el silencio, lo que permitía entender con claridad los diálogos de las actrices. Otro gran acierto fue la elección del vestuario, que ambientaba perfectamente la época en la que se desarrollaba la acción, a principios del siglo XX.