Una botella con espíritu viajero

MARÍA J. MIYARES RIBEIRA

BARBANZA

CARMELA QUEIJEIRO

Dos niñas de Aguiño encontraron en una playa un recipiente con un mensaje enviado por una canadiense De Greenwood, en Nueva Escocia, a la playa de A Penisqueira, en Aguiño. Muchos miles de kilómetros separan ambos puntos, los que recorrió una botella con un mensaje y varios documentos en su interior. Sin una dramática historia detrás, ni una gran hazaña que narrar, Kathy Cormier, de 44 años, quiso contar su normal vida a alguien. Y, en pleno apogeo «internauta», no encontró ningún canal mejor que un recipiente de plástico, que durante nueve meses bailó al son de las olas del Atlántico. El pasado martes llegó a puerto. Allí la esperaban dos hermanas de Aguiño, «Apu» -Apolonia- y Chelo Maceiras Cacabelos.

14 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

El caprichoso mar hizo que el recipiente enviado por la mujer canadiense acabase el pasado martes al mediodía en las manos de las dos chiquillas, de doce y trece años de edad, a quienes el pequeño botín las llenó de ilusión. Pero de la sorpresa pasaron a la decepción, ya que su inglés, a nivel chapurreo, no les permitía entender el texto. El problema quedó solventado con la ayuda del padre, el abuelo y los maestros del colegio de Aguiño, donde las hermanas cursan sus estudios de primaria. Varias hojas del periódico canadiense The Aurora Newspaper, cuatro fotos de niñas, una bandera del país norteamericano, algunos dibujos escolares y seis monedas de un cuarto de dolar componían el tesoro, que se completaba con la carta. En ella, su remitente, Kathy Cormier, cuenta su vida de directora de boyscouts y la de las jóvenes que forman parte de su grupo. Una vida completamente distinta a la de la familia Maceiras Cacabelos, una numerosa estirpe que reside en una pequeña casita de piedra en Aguiño y a la que las costumbres yankees sólo llegan a través de la pantalla de la televisión en forma de películas. A partir de ahora, los Maceiras podrán conocer de primera mano lo que suceda en Nueva Escocia, ya que «pronto y con la ayuda de los profes contestaremos», han dicho. En la carta aparece una dirección convencional y una electrónica. Y es que, aunque su forma de comunicarse sea ancestral, Kathy Cormier no se olvida de las nuevas tecnologías.