La fotógrafa Nuria Atanes buscó la ayuda de sus colegas de Estudio 28 para conseguir una foto con la que contarle a su bebé «que nació gracias a la ciencia»
07 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.La foto impresiona. Un recién nacido, tan pequeño, tan indefenso, tan inocente, duerme plácidamente en el centro de un denso aro de jeringuillas. El niño se llama Noé, y las jeringuillas son las mismas que utilizó su madre, la fotógrafa Nuria Atanes, para inyectarse las hormonas necesarias para el proceso de fecundación in vitro que tuvo que seguir para quedarse embarazada. «Me las guardé todas. No sabía para qué, ni por qué. Pero las fui guardando todas porque sentía que si las cosas iban bien, tenía que hacer algo para recordar el proceso», cuenta esta fotógrafa, especializada en retratos de bebés.
Atanes tenía 22 años cuando sufrió una grave enfermedad. «Entonces no se llevaba lo de la congelación de óvulos», señala. Superado aquel amargo trago, siguió con su vida hasta que descubrió que tenía endometriosis y que sus posibilidades de quedarse embarazada eran bajas. Tan bajas, que la fecundación in vitro se antojaba la única alternativa para una mujer en la treintena. «Y no estaban nada convencidos». De hecho, auguraron que tendría un único tiro... Y falló. «Pero los médicos decidieron probar una segunda vez». Y esta vez las cosas fueron bien. «Mi hijo es un milagrito del Señor», dice Atanes.
En su rostro se dibuja una sonrisa cada vez que menciona a Noé. «Cuando crezca, quiero contarle a mi hijo que existe gracias a la ciencia», dice la fotógrafa. ¿Y cómo hacerlo? Pues utilizando el lenguaje que mejor conoce, el de las imágenes. Cuando el bebé ya había nacido, Nuria entendió que había guardado las jeringuillas por algo: para ayudarle a construir su historia. Como su implicación emocional en este trabajo es más que evidente, decidió pedir ayuda a sus amigos de Estudio 28, en Madrid, que no dudaron en acercarse a Vilagarcía para ayudar a dar forma a una fotografía que quiere ser una suerte de diario de nacimiento para el pequeño Noé, pero que también aspira a mucho más.
«Yo no era consciente de la cantidad de gente que recurre a la fecundación in vitro para tener a sus hijos», cuenta Atanes. Asegura que a lo largo de los meses que duró el proceso se encontró «a un montón de gente conocida en las salas de espera». Sin embargo, ese es un asunto del que no se habla, o se habla en voz baja. «¿Por qué?», se pregunta la fotógrafa. Si hablar y compartir experiencias puede ayudar, y mucho, a sobrellevar un proceso que «es una bomba», ¿por qué esconderlo tras una capa de silencio?
A Nuria no le gusta vestir las cosas de lo que no son. Desde su punto de vista, «todo el proceso es una mierda, no es nada disfrutón. Te tienes que pinchar todos los días, ¡con la aprensión que me daba a mí!... Te metes una cantidad de hormonas que es una exageración». Luego está la cabeza, «que hace mucho estrago porque tienes muchos miedos». «A mí me dio la vida trabajar. Entre la inserción del embrión hasta que se confirma que todo está bien pasan semanas... Son un morir de nervios y de incertidumbre». Y que todo salga bien y «que no te toque un embarazo de riesgo». Ella es de las afortunadas, dice rotunda. Desde que le insertaron el segundo embrión «todo fue perfecto, de libro».
Así que se siente afortunada. Y agradecida. «Si todo esto ha sido posible, ha sido gracias a la Seguridad Social. Yo creo que no la valoramos todo lo que se merece», comenta. Por eso también quiere que la fotografía que ha hecho de su hijo sirva como un homenaje a todas las personas que han sido parte de un proceso que a ella y a su pareja les ha cambiado la vida.
Ha subido la imagen a sus redes sociales. «Me tomé mi tiempo antes de hacerlo. No quería que fuese una publicación más; quería que sirviese, que tuviese sentido, que removiese cosas». Y lo ha hecho: muchas mujeres se le han acercado para contarle que también han pasado por esa experiencia. Otras se han parado por unos instantes a reflexionar sobre un proceso que les es ajeno, pero del que pueden entrever la dureza gracias a «un fotón».