El equipo de Vilagarcía que vela por Cortegada

El Centro Especial de Empleo de Bata se encarga de limpiar y de que todo esté a punto en este rincón de Illas Atlánticas

Los rayos del sol son tercos, así que se acaban filtrando entre la cúpula verde que cubre buena parte del poblado de Cortegada, en Vilagarcía. La vegetación es exuberante: se descuelga desde lo alto, anida sobre los muros de piedra, estalla en el interior de las viejas casas. Óscar, uno de los trabajadores del Centro Especial de Empleo de Bata mira a su alrededor con ojo crítico. «Este tipo de plantas hay que quitarlas con mucho cuidado», dice señalando un robusto tallo que nace en una pared. Si no aplicas esa máxima, dice, puedes destrozar el muro y puedes, también, hacerte daño.

Óscar sabe de lo que habla. El Centro Especial de Empleo de Bata es el encargado de realizar trabajos de limpieza y mantenimiento en Cortegada. En grupos de cinco y siguiendo las órdenes del Parque Nacional das Illas Atlánticas, han limpiado de maleza la vieja capilla: su trabajo dejó al descubierto el suelo enlosado, un altar de piedra y unos muros precarios que ha habido que apuntalar. También se han encargado ellos de desnudar de maleza una de las viviendas del poblado la situada justo al lado de la casa de los guardas de la isla. Ambas estructuras, el templo y la casa, van a ser rehabilitadas. La operación ha dejado al descubierto, también, un pequeño espacio con dos plataneros, en el que los técnicos de Patrimonio intuyen lo que pudo ser la plaza del poblado de Cortegada.

Esa limpieza fue un trabajo extraordinario que los integrantes del equipo de Bata han disfrutado de lo lindo. Tanto, que han presentado un proyecto para ir, poco a poco, retirando la maleza que cubre parte de las casas abandonadas en 1907, cuando las familias isleñas fueron expulsadas de ese pequeño paraíso, en el que alguien había soñado un palacio real. Más de cien años han tejido una maraña verde que se quiere abrir para que, al menos una parte del poblado, emerja y nos permita asomarnos a cómo podía ser la vida en una isla que ha cambiado mucho, incluso paisajísticamente. Ya solo con el trabajo realizado hasta el momento, han destapado desde un canalón de piedra, hasta una sachadora olvidada y viejas ruedas que debieron pertenecer a alguno de los vehículos que transitaban por el Camiño do Carro.

Santi Chapela es el «encargado de apoyo a la producción» del centro especial de empleo de Bata. Un nombre demasiado técnico para describir un trabajo demasiado hermoso: Santi no solo planifica, también enseña y respalda a sus compañeros de brigada, todos ellos personas con trastornos del síndrome autista, en ese camino lleno de retos que es el día a día, la cotidianidad. 

Cortegada, explica Santi, no es el único lugar en el que las brigadas de Bata realizan su trabajo: se encargan de las zonas verdes de varios concellos y de centros de salud repartidos por toda Galicia. Pero la isla es, de alguna manera, la joya de la corona, el lugar favorito para la mayoría de los integrantes del equipo. «Cíes impresiona. Pero Cortegada también, y está aquí al lado de casa», confiesa Óscar. Otro de sus compañeros, Dani, también tiene en la isla, llena de especies que él conoce como la palma de su mano, uno de sus lugares favoritos. Es fácil de entender esa debilidad por esta tierra que huele a laurel.

Y si huele a laurel es porque en ella crece el bosque de laurel más grande de Europa. Es, también, un tesoro para los amantes de las setas: aquí crecen más de 800 especies diferentes. Y para quienes aman la historia: acaba de salir a la luz el hallazgo de un ánfora romana de procedencia africana. Cada vez, más gente quiere recorrer Cortegada, y de que los caminos estén en condiciones de recibirlos se encarga también el equipo de Bata. Periódicamente limpian las sendas para que usted, yo, cualquiera, pueda dar la vuelta al paraíso sin tener que preocuparse de nada más que de escuchar los sonidos del mar y de la tierra. Y como su capacidad de trabajo es enorme, cuando hace falta echan una mano en otros proyectos, como trasladar e instalar un enorme depósito de agua en la isla. 

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