Cien años sin habitar regalaron un bosque de laurel a Cortegada

Con 2,5 hectáreas, la laurisilva de la isla es la mejor conservada de toda Europa


vilagarcía / la voz

Se supone que lo que hoy es la Galicia litoral era abundante en laureles a comienzos de la Era Terciaria o Cenozoico, hace unos 65 millones de años. Fue entonces cuando la deriva continental se encaminó a la configuración actual del planeta. El clima, más cálido, favorecía la proliferación de las laurisilvas, que poco a poco fueron retrocediendo a medida que las temperaturas incrementaban su rigor.

Océanos de tiempo más tarde, el mayor bosque de laureles de toda Europa crece en una pequeña isla frente al puerto de Carril: Cortegada, cuyo archipiélago es el menor de los cuarto que conforman el parque nacional Illas Atlánticas y el único que se halla en un mar interior, el de Arousa. La tupida foresta ocupa 2,5 de las 43,8 hectáreas de tierra que emergen de la ría. Con las referencias geológicas citadas al inicio de estas líneas, cualquiera podría pensar que se trata de un verdadero fósil vegetal. Y en cierto sentido llevaría razón, aunque es este un sentido muy distinto del aparente.

Así, la presencia del laurel no se debe a la milagrosa conservación de un mundo perdido, sino a la acción de cien años de abandono sobre un lugar fuertemente antropizado. Cuando en 1910 forzaron la donación de la isla a la Casa Real y el desalojo de las 16 familias que la habitaban, aquellos decimonónicos prebostes no podían prever que su añorado proyecto -la construcción de un palacio unido a una suerte de pelotazo urbanístico de la época en toda la zona- jamás llegaría a verse materializado. Libre de la presión humana, la vegetación propia de las huertas hasta entonces trabajadas fue adueñándose de Cortegada junto a las escasas masas arbóreas que saplicaban su entorno. Fue así como, a lo largo de la última centuria, ganó Cortegada su magnífica laurisilva. Porque el laurel era uno de aquellos cultivos que facilitaban la vida a quienes durante siglos encontraron en ella su hogar.

Pies de diez metros de altura

El bosque es una joya. Los mayores ejemplares sobrepasan los diez metros de altura. Sus ramas estilizadas se entrelazan hasta crear una especie de cúpula vegetal que la luz atraviesa de forma tamizada y espectacular. Esta cobertura protege un rico sotobosque en el que abundan la hiedra y las especies de hongos, hasta 45, algunas de ellas únicas en Galicia. Es un hábitat perfecto para el mayor reptil europeo, el lagarto arnal, aves como la garza real, el búho y la lechuza, y los pequeños mamíferos. Los laureles crecen también entre los restos de la vieja aldea. Porque este es el verdadero fósil de Cortegada, un espacio humanizado en el que el tiempo se detuvo 102 años atrás.

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