Es muy simpático, y enriquecedor, hablar con él, porque no da crédito a cosas que, a veces, suceden, y que aquí consideramos normales
07 jun 2020 . Actualizado a las 05:00 h.Cuenta Lutz que hay un mensaje de WhatsApp que está triunfando en las tierras de Merkel. En él se ve a un periodista alemán plantándose cada día a las nueve de la mañana ante distintas sedes de ministerios en Madrid y preguntándole a quienes entran, sus motivos por los que llegan tarde a su puesto de trabajo. Hay razones de lo más extraordinario para justificar las tardías comparecencias. Motivos que el (ahora) afamado colega alemán resume en una frase: ¿Cómo nos va a devolver esta pandilla el dinero que les prestemos?
No sé si en alemán existe el término pandilla. Sí me creo que lo que dice Lutz sea cierto y el vídeo de WhatsApp esté triunfando en Alemania. La fama nos viene de largo. Recientemente alguna portada sobre el mismo asunto nos hemos llevado. En cualquier caso, lo interesante es comprobar que la imagen de la españolía es exactamente la que a veces nos llega. Nada raro y no conviene rasgarse las vestiduras. Somos así. Al menos la gran mayoría, entre la que me incluyo, claro. En cualquier caso, lo que mola de la anécdota del vídeo de WhatsApp es que Lutz está de acuerdo con la imagen que transmite.
Es muy simpático, y enriquecedor, hablar con él, porque no da crédito a cosas que, a veces, suceden, y que aquí consideramos normales, pero que a él, en su cabeza germana, le sacan de quicio. Recuerdo una vez que me fue relatando el proceso para arreglar un problema en una tubería de agua en la calle. Él no entendía ni la dilatación en resolverlo ni la solución elegida, que aventuraba nuevos problemas, como así fue. «This is Spain», le digo en inglés, en un ataque de vilagarcianismo.
Todo esto lo cuenta Lutz a la hora de jugar al backgammon, que viene siendo los viernes por la noche en A Perla. El tipo se preparó el material, bueno y de calidad. Un tablero hecho a mano, con sus luces y todo. Recuerdo cuando nos volvimos a ver tras el confinamiento. La conversación giró en torno a la posibilidad, o no, de retomar las partidas, porque ya saben ustedes que las mesas de las terrazas son una pieza codiciada.
La costumbre ha vuelto. Y, también, el bakgammon de luces que preparó ya hace un tiempo este loco que cayó en Vilagarcía. Y que no es un loco cualquiera. Es un tipo peculiar, que guarda colgada en las paredes de su casa una medalla del ejército alemán por salvar la vida a ocho compañeros en un río, o una fotografía atravesando desnudo sobre una bicicleta un lago. Un tipo que fue capaz de montar un velódromo muy especial sobre un lago helado para organizar un espectáculo al que acudieron cincuenta mil alemanes para comer salchichas y apostar en las carreras. Un tipo que, a veces, te da una idea de lo que piensan por ahí adelante de lo que vamos haciendo por ahí. Un tipo, en fin, al que le fastidia perder al backgammon contra un gallego.