El cierre del sector hostelero deja a las bodegas gallegas sin pedidos

Muchas han cerrado sus oficinas, aunque mantienen el trabajo de cuidado del viñedo


redacción / la voz

Los teléfonos han dejado de sonar con insistencia en las bodegas gallegas. Y los que lo hacen no es para recibir nuevos pedidos de vino. Porque el cierre de la hostelería debido al estado de alarma impuesto por la crisis del coronavirus se está dejando sentir, y mucho, en el sector vitícola gallego. Sobre todo, entre las bodegas pequeñas, que tienen en bares y restaurantes a la mayor parte de sus clientes. «Está todo cerrado ¿a quién le vamos a vender?», se lamenta Fernando González, responsable de Algueira, una de las bodegas de Ribeira Sacra. Las más grandes capean un poco el temporal, con la venta al sector de la alimentación. «Lo que está funcionando es alimentación, pero sí que se nota esa paralización y la campaña previa a Semana Santa, y la de Semana Santa, se han perdido», argumenta María Garrido, directora de márketing de Martín Códax.

Galicia recogió este año una buena cosecha de vino, tanto en calidad como en cantidad. En algunas denominaciones, como O Ribeiro, Monterrei, Valdeorras y Ribeira Sacra, estas producciones venían a aliviar años de escasez y de no poder abrir nuevos mercados por falta de vino. Y en un momento en que al sector le iban bien las cosas, llegó la crisis del coronavirus. «Estabamos a vivir un momento doce e agora imos ser dos máis prexudicados», lamenta Xurxo Alba, de bodegas Albamar, en Rías Baixas. Según los datos del consello regulador, Rías Baixas vende el 54 % de su producción al canal Horeca, esto es, hostelería y restauración. «Con la gran distribución solo trabajan entre 70 y 80 bodegas de toda la denominación de origen. El resto vende en tiendas pequeñas, en sus propias bodegas y en los restaurantes. Esto va a afectar a un número importante de bodegas», asegura Ramón Huidobro, gerente del consello. «Nós estamos pechando pouco a pouco a adega, porque consideramos que é unha crise de saúde pública. Só imos atender pedidos, aínda que a tendencia das últimas semanas é o parón. Estase pechando en todos lados e esperemos que nas medidas que aprobe o Goberno se inclúan as adegas», explica José Ramón Durán, de Terra de Asorei. «Os pedidos están todos parados e non hai movemento. Os restaurantes son o 90 % das nosas vendas. E non somos un produto de necesidade básica, co que imos ser onde a xente vai recortar primeiro», añaden en Albamar.

«Nós vendemos case todo no sector Horeca e os distribuidores están parando pedidos porque non poden collelos», explica Marta Sertaje, del departamento comercial de la bodega A Coroa, en Valdeorras. Además, reconoce que las solicitudes de nuevas ventas han dejado de llegar a la bodega. «Se a hostalaría non factura, nós non facturamos un euro», añaden en Algueira. Su visión es pesimista. «Isto é unha catástrofe, e esperemos que os responsables políticos sexan capaces de dar unha saída para as pemes e o comercio», añade Fernando González, responsable de esta bodega. «Los que trabajaban con alimentación no tienen problemas, los que lo hacemos con hostelería estamos muy afectados», asegura Víctor Manuel López, gerente de Ladairo, bodega de la denominación Monterrei. Ellos están recibiendo algún pedido, pero solo dentro de Galicia, «a nivel nacional nada de nada. Nosotros trabajamos con distribuidores, que son los que soportan la carga de la hostelería. Cuando esta no pueda pagar se va a desencadenar una crisis importante en el sector», sostiene. «Solo estamos vendiendo en el exterior y en grandes superficies. Y el problema es que hay clientes que, como a ellos no les pagan, ya nos anunciaron que van a devolver los pedidos», añade Eva Méndez, de la bodega Pazo do Mar, de O Ribeiro. Las bodegas gallegas solo confían en que esta situación no se prolongue demasiado en el tiempo.

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