«After» de tambores en el paraíso

El silencio atronó Vilagarcía; sobre una batería muda se apilaron un millón de recuerdos, de noches, de cervezas y amigos. Álex Pedrosa, sempre na memoria


vilagarcía / la voz

Nada hay más atronador que el silencio. Ese que impone la voz rota, la mirada perdida, el parche vacío, la baqueta quebrada. Ese que hoy impuso la pérdida de un músico que sin, quizá, haberse situado nunca en la primera línea del frente sí que estuvo en todas las batallas. Álex Pedrosa es una referencia fundamental para toda una generación musical en Vilagarcía. Para aquella que despertó en los 80 al grito de No Future. Y no, no iban desencaminados. Esa sensación etérea de dolor que provoca la pérdida de un amigo se tornó ayer en el ambiente musical vilagarciano en una percepción física perfectamente palpable. Un dolor de esos que se mastica y se escupe. Se había ido un tipo que le zuscó duro a la caja, como a él le zuscó la vida. Por mucho que en los últimos tiempos gustase más de la tibia caricia de las escobillas.

Nunca fue Álex Pedrosa amigo de las concesiones gratuitas. En lo musical. Porque en el tú a tú se desvivió por los suyos. Y los suyos eran todos los que le rodeaban. Así lo recuerdan. Irónico, ácido, con ese punto macarra. Pero, ay amigo, detrás de aquellas gafas de sol había una mirada franca, un gesto siempre sincero y generoso.

Ponga uno la memoria en el lugar y en el tiempo en el que la ponga, Álex siempre andaba por el medio. Su primera banda, aún adolescente, fue La Covacha y a mediados de los 80 formó parte de los efímeros pero aún recordados Bocadillo de Luna. Pero donde realmente su espíritu punk encontró cobijo fue en Los Punktos Suspensivos, otra de esas bandas seminales surgidas de las catacumbas del underground arousano en aquellos corsarios años. Eran tiempos de intensidad musical desbordante y la batería de Álex Pedrosa sonaba aquí y allá. En un sinfín de proyectos, festivales, jams, colaboraciones… Y cuando no la hacía sonar ejercía de técnico desde el otro lado de la mesa para hacer sonar la de los demás.

Cuando afloró la sensibilidad

Y en esto llegó Tenderete y lo atrapó el tango. A él, malevo y feroz, que como el mítico Garufa iba para caso perdido. Y afloró entonces una sensibilidad que solo los más allegados le conocían. Lucía elegante camisa negra y corbata que combinaba con una media sonrisa perenne que le delataba. Fue su último grupo estable, aunque nunca dejó de generar y participar en proyectos. El último, en el que puso su ilusión hasta el último día, lo tiñó de blues. Aunque nunca llegó a estrenarlo. La vida le quedó en deuda. Deuda a la que le correspondemos todos los que alguna vez compartimos con él birra, charla o escenario. O las tres cosas a la vez, que también.

El silencio atronó ayer en Vilagarcía. Sobre una batería muda se apilaron un millón de recuerdos, de noches, de cervezas, de amigos y de lamentos. Sería genial creer en un más allá y pensar en la batucada que montarían Álex Pedrosa y el nunca olvidado Roberto Camba allí donde se encontrasen. A festa da Auga ía ter un after no paraíso.

Sempre na memoria!!

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