La conexión extremeña

Desde Alfonso IX hasta Victoria Moreno, la relación de Galicia y Extremadura ha sido estrecha


redacción / la voz

El 3 de mayo de 2006, monté por primera vez en un coche oficial. También fue la última. Era miércoles y había quedado en el aparcamiento de la estación de ferrocarril de Cáceres con el vicepresidente de la Junta de Extremadura, Ignacio Sánchez Amor. El Audi negro llegó puntual y partimos hacia nuestro destino: San Martín de Trevejo. Sánchez Amor me había llamado el día anterior para invitarme a un acto singular: el estrechamiento de lazos entre Galicia y Extremadura tras un malentendido ya crónico: el mosqueo extremeño ante la posibilidad de que Galicia quisiera colonizar el Val do Xálima.

Este valle extremeño, situado en el vértice noroeste de la provincia de Cáceres, fronterizo con Salamanca y Portugal, es un enclave precioso formado por tres pueblos: Valverde del Fresno, San Martín de Trevejo y Eljas. Los 5.000 habitantes del valle hablan una modalidad dialectal llamada a fala con rasgos del antiguo leonés, del gallego y del portugués.

Hora y media a bordo del Audi

Al estar tan apartado, el valle ha conservado su manera de hablar durante siglos. Las carreteras que llegaban hasta allí eran endiabladas hasta hace 25 años. Ahora son cómodas y es fácil el acceso. En el Audi oficial, tardamos hora y media desde Cáceres. Al llegar a San Martín, nos estaban esperando la Guardia Civil y la banda de música, además de 52 jubilados gallegos y una delegación oficial presidida por la parlamentaria del BNG, Modesta Riobó, y la concejala de Servicios Sociales de Moaña, también del BNG, Libertad Cruz.

La primera vez que visité el Val do Xálima fue como enviado especial de La Voz de Galicia para escribir un reportaje sobre la Galicia extremeña. En ese viaje descubrí que en el valle elaboraban bicas, eran desconfiados y prudentes, empleaban a fala con orgullo y naturalidad, el primer libro en a fala había sido editado en Santiago en la editorial Ir Indo y había varios vecinos incriminados en la operación Nécora.

El «affaire» galego

Con estos mimbres, no es de extrañar que años después, presidiendo la Xunta Touriño y con Anxo Quintana de vicepresidente, estallara una sonora polémica cuando desde el BNG se dijo que a fala era galego. Desde la Junta de Extremadura se rechazó cualquier intento colonizador y Sánchez Amor, un político inteligente y hábil, zanjó la cuestión con aquel encuentro en un restaurante de San Martín de Trevejo: 250 kilos de mejillones al vapor como aperitivo, la banda de música local recibiendo, una cena tradicional extremeña y concierto de gaitas a los postres. En los discursos, se quitó hierro a la polémica y se destacó que entre Extremadura y Galicia solo podía haber puntos de encuentro.

El rey de los dos cifrados

Se trataba, en fin, de un paso más en una conexión entre las dos regiones que ha dado muchos frutos a lo largo de la historia. De hecho, fueron nobles gallegos los que acompañaron al rey Alfonso IX cuando reconquistó Extremadura a los musulmanes y este rey, tan galaico y enterrado en la Catedral de Santiago con polémica (en Galicia sería Alfonso VIII y en el resto de España, Alfonso IX), falleció en Sarria cuando regresaba de su aventura reconquistadora extremeña.

Alfonso VIII-IX fundó la Universidad de Salamanca, consagró la Catedral de Santiago y acabó su coro románico, fundó hospitales de peregrinos y ciudades como Sarria, Triacastela o A Coruña, peregrinó cuatro veces a Santiago y reconquistó la ciudad donde nací un 23 de abril de 1229, día de San Jorge, patrón de Cáceres. Aunque lo que nos interesa es que con él comenzó la conexión extremeño-galaica.

En Vilagarcía, cuando se habla de la conexión extremeña siempre se piensa en lo peor, es decir, en el abogado Pablo Vioque, pero más allá de este personaje, aquí viven muchos extremeños, al igual que en Extremadura abundan los gallegos más allá de que Castelao fuera desterrado a estas tierras.

El año pasado, el Día das Letras Galegas fue dedicado a una extremeña: la escritora María Victoria Moreno Vázquez (Valencia de Alcántara 1939-Pontevedra, 2005), licenciada en Filología Románica que llegó a Galicia en 1963 con 22 años para ejercer como profesora de instituto y triunfó sobre todo con su novela escrita en gallego: Anagnórise.

Este año, Extremadura sigue presente en Galicia a través del pensamiento y las ideas porque el Día da Ciencia Galega (8 de octubre) estará dedicado a otro extremeño: el físico Tomás Batuecas Marugán (Aldeanueva del Camino-Cáceres, 1893-Santiago de Compostela, 1972), que fue catedrático de la Universidad de Santiago y presidente del Comité Internacional de Pesos Atómicos entre 1960 y 1963.

El reencuentro que no fue

Sánchez Amor es hoy Secretario de Estado de Política Territorial, es decir, lleva desde el Gobierno el tema catalán, no sé si tan bien como llevó en aquella ocasión el tema gallego. Y un servidor sigue donde estaba: contando historias en los periódicos de Galicia y Extremadura. ¿Pero qué hacía yo llegando a San Martín en un coche oficial aquel 3 de mayo de hace 13 años? Pues disfrutar de una inolvidable experiencia Bienvenido Mister Marshall: recepción con banda de música y las autoridades de la comarca acudiendo a saludarme y a decirme que se alegraban mucho de volver a verme de nuevo cuando, en realidad, no me habían visto nunca. Oficialmente, ejercí de puente entre Galicia y Extremadura y me gustó.

En San Martín de Trevejo nos esperaban la Guardia Civil y una delegación del BNG

En la Galicia extremeña, hacían bicas, editaban libros en Ir Indo y rondaba la Nécora

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