«La planta me daba pena, por eso decidí cuidarla»

Marcos Gago Otero
marcos gago SANXENXO / LA VOZ

AROUSA

Una profesora que pasa temporadas en Sanxenxo es la cuidadora de la tomatera de Silgar

09 sep 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando la coruñesa María Jesús Morao se enteró de que había una tomatera creciendo en la arena en Silgar, en Sanxenxo, se llevó una gran sorpresa. Picada por la curiosidad y aprovechando la foto que salía en La Voz de Galicia, localizó la planta. «Estaba hecha un desastre, toda sucia, con las hojas quemadas, decidí cuidarla y ponerla bien», explica. No lo hacía con ningún interés culinario, sino impulsada por una gran curiosidad. «Me daba pena, por eso decidí cuidarla, quería ver si maduraban los tomates», añade.

La planta encontró en esta profesora de Matemáticas y Ciencias una cuidadora desinteresada, que puso todo su empeño en evitar que secase. «Estaba tirada en el suelo, y yo, buscando palitos, piedras y lacitos, la arreglé como lo había visto ver a mi abuela en su huerta», aclara. «La voy cortando un poco, hace un tiempo le eché algo de abono, de tierra de esa que se compra, y empezaron a salir los tomatitos», precisa.

El esfuerzo tenía su mérito. Por Silgar en julio pasaron miles de bañista cada día, en agosto una riada, pero todos fueron respetuosos con la tomatera, a la que más de uno se acercó para hacerse fotos. Fue la sensación del verano.

Alguno de estos turistas descubrió a María Jesús Morao cuidando a su planta favorita. Los niños se quedaban con los ojos como platos al ver esta esquina de la playa, apenas un metro cuadrado, convertida en una huerta. Los pequeños disfrutaban observando los tomates, cómo cambiaban y crecían cada semana. La faceta de profesora de esta veraneante coruñesa volvió a cobrar protagonismo, y Morao les explicaba lo que era el tomate y cómo las flores se iban a convertir en frutos. Niños y mayores respetaron su trabajo. Solo un día se la encontró por los suelos y fue a finales de agosto por el temporal, no por vandalismo.

La gente hasta le dio consejos de agricultura. «Una chica que era valenciana, me dijo que cada vez que un tomate se empezase a poner con algo de color rojo, que me lo llevase, porque maduraría en casa y que si no se los iba a llevar otra persona», manifiesta.

Al principio no quería arrancarlos, le parecía bonito que la planta cerrase su ciclo en Silgar y los frutos rojizos empezaron a asomar entre los verdes. Sin embargo, cada vez que uno de estos tomates estaba listo, faltaba de la planta al día siguiente. Entonces, su cuidadora decidió llevarse alguno. Uno fue para una conocida a la que le hacía ilusión probarlo y es que esta plantación es agricultura verdaderamente ecológica. Otro lo comió ella en una ensalada. ¿Cómo sabía? «Mi marido dijo que estaba un poco salado», bromeó. Y así sigue, todos los días, al atardecer, esta coruñesa baja a la playa y riega y cuida el tomate más famoso de todo Sanxenxo.