Cuando la luna salió de día y el cielo se oscureció

AROUSA

Telescopios, prismáticos, placas protectoras, cajas, gafas y hasta espumaderas sirvieron para ver el cielo sin dañar la vista.
Telescopios, prismáticos, placas protectoras, cajas, gafas y hasta espumaderas sirvieron para ver el cielo sin dañar la vista.

Crucemos los dedos, que todavía hay quien cree que los eclipses son embajadores de catástrofes y aquí ya tenemos bastante con los sustos que nos van a dar tantas campañas electorales en solo un año. Lo decimos porque por una vez las nubes que se instalan permanentemente en el cielo gallego se retiraron educadas para que pudiésemos disfrutar, como en ningún otro sitio del planeta, del fenómeno meteorológico que ayer le dio vidilla al que estaba destinado a ser un soporífero día festivo.

Observatorio de lujo

Que se lo digan sino a los alumnos del colegio de las Franciscanas, que ayer fueron a clase más contentos que nunca. Sus profes, con Carlos Bona a la cabeza, estuvieron toda la semana explicándoles en que consistía un eclipse, en enseñarles las precauciones que hay que tomar para disfrutarlo sin dañar los ojos y en construir aparatos caseros para observarlo. Y como ayer era el gran día, todos salieron al patio para vivir juntos la jornada. En principio iba a ser solo para la comunidad escolar, pero finalmente se abrieron las puertas y el colegio se convirtió en un gran observatorio astronómico.

Todo tipo de artilugios

Así que allí no lo vio quien no quiso, porque había telescopios grandes del colegio, un solarscope, que incluye una lente y un espejo que desvía la imagen proyectada, pantallas de soldador, gafas protectoras, prismáticos para proyectar el reflejo y hasta una simple espumadera que reproducía en la pared una multitud de pequeños eclipses. Los que más disfrutaron fueron los niños, claro, que a las nueve de la mañana ya estaban allí nerviosos por ser testigos de un fenómeno que veían por vez primera en sus vidas. Allí estaban Lía y Xela, entusiasmadas, y compañeros suyos que aseguraban que lo que veían a través de las gafas protectoras era la luna, que le había dado por salir de día y oscurecer la mañana. A su manera, también fue un día especial para los mayores. Diego Millán y Miguel Carreira, de cuarto de ESO, se ocuparon del telescopio de proyección que reflejaba la imagen del sol medio oculto sobre una pared. «Como el sol se va moviendo también hay que mover el aparato para que refleje la imagen -explicaban-. Es muy chulo». Y eso que ninguno aspira a ser astrónomo. Diego quiere ser ingeniero industrial y Miguel, biólogo, o algo relacionado con esa especialidad.

En pijama

Aunque la mañana en las Franciscanas fue muy divertida, lo cierto es que la mayoría aprovechó que no había que trabajar y que cualquier lugar servía de butaca privilegiada y optaron por disfrutar del eclipse desde casa, por eso una de las imágenes más repetidas fue la de los balcones llenos de familias enteras en bata de casa y con las gafas o las pantallas protectoras mirando al cielo. También fueron muchos los que se acercaron a la playa Compostela para contemplar el fenómeno a través de las cajas telescópicas que se habían construido la víspera. Al mismo tiempo, un viento inusitado se levantó y se llevó por delante unos cuantos contenedores.

La marea del siglo

Luego volvió la rutina de un festivo cualquiera, aunque con sus particularidades, porque además del fuerte viento que azotó la comarca, dicen quienes entienden de ello que la luna nueva traerá hoy la marea del siglo, que se dejará notar en el Atlántico, con subidas de hasta catorce metros. ¡Cousas veredes!