La Navidad de los regalos compartidos

Antonio Garrido Viñas
antonio garrido VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Las visitas de los familiares contribuyen a aliviar las horas de guardia ante la fábrica.
Las visitas de los familiares contribuyen a aliviar las horas de guardia ante la fábrica. mónica irago< / span> < / span>

Tres meses sin cobrar pasan factura entre los trabajadores de la cartonera

11 ene 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

«Este mes lo libro porque ya pagué la hipoteca. Para comer vamos a casa de la suegra». Era la reflexión de uno de los trabajadores que cumplían tres meses en huelga. Tres meses sin más ingresos que la parte de la paga extra que cobraron el pasado mes. La reflexión va más allá. «Yo soy uno de los que han despedido y a estas alturas ya creo que es casi mejor porque cobro la indemnización. Los que se quedan sí que van a estar en una situación complicada. Cuando se arregle, si se arregla, tendrán que esperar aún un mes más para cobrar el primer sueldo», afirmaba poco antes de que él y sus compañeros decidieran aportar parte de la indemnización que llega con el despido a la caja de resistencia.

Esa caja de resistencia, esa cuenta bancaria, es el flotador que está ahí para que cualquiera de los trabajadores pueda echar mano del dinero en el caso de que llegue un imprevisto. O algo previsto pero fuera del alcance por la delicada situación que están viviendo. Hay quien ya ha tenido que tirar de ella. Pero no han sido muchos los casos, no llegan a la decena.

Son las familias las que se han convertido en el principal apoyo para los trabajadores. El apoyo psicológico y el económico. Son ellas las que mejor entienden la situación y, para entenderla, no hay edades. Esta ha sido la Navidad de los regalos compartidos en alguna de las casas de los huelguistas de Lantero. Ha sido la Navidad en la que los hermanos han entendido que Melchor iba a ser menos espléndido que otros años, pero que iba a seguir pasando. Que la bicicleta que dejó para los dos tenía mucho más valor que la lluvia de regalos de otros años.

Las visitas de las familias a los huelguistas que montan guardia ante la fábrica ayudan a que las horas pasen más rápido. A desconectar, aunque solo sea durante un momento, de la realidad que marca la verja cerrada y la ronda de los guardas de seguridad.

La solidaridad no se ha quedado solo entre las familias. El conflicto también ha servido para reforzar los lazos entre los compañeros, para desvelar su mejor cara, la que no se podía atisbar con el mono de trabajo puesto. Lo cuenta otro de los huelguistas. «Llevo dieciocho años trabajando aquí y con alguno no había tenido más trato que los típicos saludos. Con lo de la huelga flipé. Hay gente de la que no me esperaba que hiciera lo que está haciendo. Se está portando de puta madre», apuntaba emocionado.

Son los más veteranos, los que rozan o superan las tres décadas en la empresa, los que está siendo todo un ejemplo de compromiso para los demás. Al estilo del grupo de extrabajadores, que han estado del lado de los huelguistas desde el primer minuto del conflicto. «Esta gente -decía J.I. señalando a alguno de ellos- ha estado haciendo jornadas de trece y catorce horas aquí, siempre cobrando como hay que cobrar, que aquí nunca se pagó en B. Y ahora los tratan así, poniéndolos en la calle».

Y terciaba otro de los huelguistas en la conversación. «Muchos días íbamos a comer un bocata ahí al lado, para no perder mucho tiempo. Volvíamos casi con el aceite de las sardinillas en lata colgando del bigote y ahora mira... Esa gente -decía señalando hacia la fábrica- no se merece nada».

El conflicto ha servido para reforzar los lazos entre los compañeros