Un camino sin retorno. Eso es en lo que ha desembocado el conflicto de Lantero. Los trabajadores han cerrado filas y han mostrado una vocación inequívoca de resistir en la defensa de sus derechos. La empresa, por su parte, parece dar pasos orientados a minar su moral. A erosionar la férrea posición de la parte social. Solo así se entiende la decisión de presentar otro ERE, aún a sabiendas de que esa vía le enfrentará con sus empleados. La nueva propuesta dilatará la negociación unas semanas más, obligará a la plantilla a mantener el paro, a seguir tirando de la hucha (aquellos que la tengan, por descontado) en unas fechas especialmente sensibles. ¿Juega Lantero con esa baza? ¿Con la presión inconsciente que tendrán los trabajadores de encontrarse en días tan señalados como los de la Navidad en esas condiciones? A estas alturas, las casualidades son poco creíbles.
Espero que el sentido común se imponga. Y que se evite la tentación de mezclar el futuro de la planta del Pousadoiro con los terrenos de A Compostela. ¿Juega Lantero con esa baza para conseguir que Ravella se pliegue a sus intereses? Confiemos en que el Concello no ceda. Sería un error. Pontevedra lo hizo en su día con Tafisa. Y el tiro acabó saliéndole por la culata.