Laureano Gómez Paratcha fue alcalde diez meses y ministro de Industria con la República
01 dic 2013 . Actualizado a las 06:50 h.Laureano, Vicente y José Silverio. Así llamaron en la pila bautismal al protagonista de esta historia, cuya biografía recogió la Asociación pola Defensa do Patrimonio de Vilagarcía. Para la historia, pasó como Laureano Gómez Paratcha, que fue testigo de la fusión del Concello del que unos años después sería alcalde, aunque solo por diez meses.
También fue médico, y cuentas las crónicas que muy bueno. Pero sobre todo, Paratcha trascendió el siglo XX por su calidad humana. Lo decía la prensa local cuando se despidió de la alcaldía, y hasta el mismísimo Castelao le mandó un sentido telegrama: «Imposible chorar convosco. Mándovos apertas a feixes».
Laureano Gómez nació el 30 de agosto de 1884 en el seno de una familia culta que le dio estudios. Se licenció en Medicina y, en el año 1910, estrenó consultorio en la plaza de Ravella, junto con José Viqueira Barrio. La clínica, tal y como contaba el periódico Galicia Nueva, tenía Rayos X, además de modernos aparatos que Paratcha compraba en sus viajes por el extranjero, ya fuese en Alemania o en París. Fue en la capital de Francia donde se hizo con la fórmula 606, un medicamento que él publicitaba como remedio para la avariosis, que en realidad, era la enfermedad venérea sífilis, muy extendida en la época. El compuesto era arsfenamina, que se comercializó a partir de 1910 bajo la marca Salvarsán, pero que se conocía popularmente como fórmula 606 por ser el orden de pruebas del compuesto.
En su afán por innovar en su profesión, se sumó también a una campaña de erradicación de la tuberculosis. Publicó un artículo titulado Combate de la tubersulosis en el que apoyaba la campaña que el doctor Villegas realizaba «en pro de los pobres tuberculosos de Villagarcía». Junto con su esposa Ángela Alcaraz y otras mujeres de las grandes familias de la villa, como Enriqueta López Ballesteros, Josefina Bertoni de Trulock y Matilde Buhígas de Goday, constituyeron una asociación para la construcción de un dispensario en el que se trataba a los vecinos contra dicha enfermedad. Al margen de la medicina privada, colaboró también con la Cruz Roja, que era la única entidad que entonces dispensaba sanidad pública.
Fue, además, un hombre comprometido con la sociedad vilagarciana. Fue bibliotecario del Centro Recreativo y vicepresidente del Nuevo Club, entidad que le facilitó también su desembarco en la política. Y como cualquier personaje que presumiese de ser alguien en la Vilagarcía de la época, formó parte del Club de Regatas, del que era «director de comptoir y comedor» en el año 1918, junto con Valeriano Deza, Enrique Rodríguez Lafuente y el marqués de Aranda.
En todos estos lugares dejó constancia de su carácter «extremadamente amable con todo el mundo» su actitud «siempre correcta» y «sus buenas intenciones para con el pueblo», decían entonces las crónicas.