El maná de los talleres de Renfe

Las naves de la antigua estación dieron de comer a cientos de familias durante más de un siglo


vilagarcía / la voz

Hubo un tiempo en el que no solo el puerto de Vilagarcía era el principal motor económico de la ciudad; también lo eran los talleres ferroviarios instalados al lado de la antigua estación de Carril, que durante más de un siglo alimentaron cientos de bocas. Hasta que cerraron, en la cercana década de los noventa.

Como recuerda el historiador vilagarciano Manuel Suárez en sus colaboraciones en la página web de la Asociación pola Defensa do Patrimonio de Vilagarcía, los viejos talleres se pusieron a andar poco después de que se inaugurase la primera línea ferroviaria gallega, entre Santiago y Carril. Fue en 1886, cuando la gestión estaba en manos de la compañía inglesa The West Galicia Railway Company y al frente de la misma estaba John Trulock. Entonces, el abuelo de Camilo José Cela habilitó como talleres los edificios que servían de cochera y almacén, que se especializaron en el mantenimiento del material de tracción y remolcado de la línea. Y así fue hasta 1934, año en que esa actividad fue trasladada a Vigo, y con ella, 45 trabajadores.

Pero llegó la Guerra Civil, y con ella, las dificultades en las comunicaciones. Ante la necesidad de contar con medios propios para reparar el material ferroviario, los talleres reabrieron en 1937, una vez rehabilitados. Y ya bajo la dirección de Renfe se iniciaron una serie de mejoras que culminaron en la década de los sesenta, años en los que Vilagarcía se convirtió en un punto neurálgico tanto para la industria del ferrocarril como para los servicios ferroviarios a los vecinos de la comarca y a las familias de sus propios trabajadores. En esa época se levantó en Bamio el Colegio de Huérfanos de Ferroviarios -edificio que ahora depende del ISM- y se construyó la nueva estación de Vilagarcía.

El cierre, hace 21 años

Los talleres de Renfe trabajaron a todo tren hasta el 1 de noviembre de 1992, va a hacer ahora 21 años. En esa funesta fecha se dejó morir uno de los motores de la industria vilagarciana, como ahora corre el riesgo de morir, con el AVE, el trazado de la primera línea gallega.

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