La clase política gallega arropó a la familia de Jorge Domínguez
22 nov 2012 . Actualizado a las 06:56 h.Jorge Domínguez descansa ya para siempre en el valle que fue testigo de su trayectoria personal y política, y por las tierras de O Salnés hizo su último peregrinaje acompañado de su familia, de sus amigos, de sus vecinos y de una amplia representación de la clase política gallega, sin distinción de colores.
A las seis de la tarde partió el cortejo fúnebre de la casa consistorial. Todo Meaño estaba allí. También el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, y el presidente de la Diputación de Pontevedra, Rafael Louzán, acompañado de los demás diputados y de una amplia representación de la corporación municipal de Meaño, incluido José Ramón Tilve, primer teniente de alcalde y número dos en la lista del PP que asumirá de forma temporal la alcaldía, hasta que el gobierno local tome una decisión definitiva.
El cariño con el que será recordado siempre el regidor lo tradujo en palabras el presidente de la Xunta, que tras el entierro, confesó que había acudido a Meaño para despedir a un compañero en la política, pero también a un amigo. Núñez Feijoo dijo que Jorge Domínguez era «un referente para a clase política galega», y que por eso «a xente está hoxe aquí para despedilo», lo que dejaba constancia de que «tiña a confianza e a admiración do seu pobo».
Para que todo Meaño pudiese acudir al entierro, las clases se suspendieron en los centros educativos del municipio. También la Diputación de Pontevedra, que contaba en sus filas con el fallecido regidor, decidió suspender sus actos durante tres días, y así la agenda ordinaria no se retomará hasta el viernes.
Horas antes del entierro ya estaba Meaño lleno de vecinos y autoridades que quisieron despedir al regidor. Y a las cinco de la tarde, las caravanas de coches, que se extendían desde la casa consistorial a la entrada de la vía de O Salnés, ya presagiaban que el entierro iba a ser multitudinario. Numerosa fue también la comitiva que acompañó al féretro hasta la pequeña iglesia de San Miguel de Lores, que se quedó pequeña para tan sentida concurrencia. De hecho, muchos fueron los que se tuvieron que quedar fuera, rodeando el atrio, mientras en el interior del templo, la hija de Domínguez trataba de rendir un último y cariñoso homenaje a su padre. Lo hizo cuando la emoción se lo permitió.
Fue el último viaje de Jorge Domínguez por entre las viñas que vio crecer y los molinos de piedra que ayudó a rehabilitar.