El actor gallego presenta mañana en el auditorio de Vilagarcía su nuevo espectáculo «Golfus Hispánicus»
27 ene 2012 . Actualizado a las 06:00 h.? Tras tres años voluntariamente alejado de los escenarios, por mor de la enfermedad terminal de su padre, Moncho Borrajo regresa a los teatros con un espectáculo de su autoría en el que combina todos los géneros que le apasionan. El musical, el cabaré, la comedia y la improvisación se dan cita en Golfus Hispánicus, estrenado el mes de septiembre, y que mañana se representa en el auditorio de Vilagarcía.
-¿Cómo se ha sentido en su vuelta a las tablas?
-Pues afortunadamente, muy bien. Yo tenía un poco de miedo a que me vieran como a un torero, de esos que se retiran y vuelven mil veces. Por eso me esforcé mucho en hacer algo completamente diferente, que siendo Moncho Borrajo no fuera lo mismo que estaban acostumbrados a ver.
-¿No habrá perdido su característica mordacidad e ironía?
-No, claro que no. Lo que pasa es que ahora soy un mordaz que hace acupuntura, que da en el sitio exacto. El espectáculo, y yo mismo, somos más pausados, pero sigo siendo una mosca cojonera. En Golfus Hispánicus empecé metiéndome con Zapatero y ya estoy cambiando para Rajoy. Porque, además, me están dando argumentos para hacerlo.
-Mantener esa independencia, ¿le ha generado problemas o contratiempos?
-He tenido que pagar algunos peajes, sí, y se me han cerrado puertas. Sigo teniendo teatros públicos en España en los que no puedo trabajar. Y casi siempre, por desgracia, son personas de izquierdas. Pero el humor, desde Chaplin a Groucho pasando por Gila, siempre se ha utilizado para atacar al poder. Lo que pasa es que hay que ser inteligente para saber asumir la crítica.
-¿El cómico debería ser, por naturaleza, políticamente incorrupto e incorrecto?
-Sí, pero hoy en día no lo son. Si te fijas en los jóvenes que hacen esos monólogos que ahora llama comedia, hablan de sexo o de drogas, pero de política no. Porque saben que ya no trabajarían en las televisiones.
-¿Tiene ya la sensación de estar de vuelta de todo?
-No, porque yo soy una persona sensible y las cosas me duelen. Pero sí que es cierto que ya me da igual que digan que soy facha, rojo, maricón... o lo que les dé la gana. Llevo cuarenta años llenando teatros y eso no me lo va a quitar nadie.
-Regresa a Vilagarcía tras haber sido nombrado el pasado verano «cabaleiro da Ameixa de Carril». ¿Ha hecho apostolado como tal desde entonces?
-¡Uy sí! A donde voy las pido. Y hasta sé hacerlas a la marinera, que mi madre tenía una receta estupenda. Estoy encantado de volver a Vilagarcía, y además tengo que decir que llevo exactamente el mismo espectáculo que tengo en Madrid, con el mismo decorado, las mismas luces, los mismos actores... No soy de los que cuando van a los pueblos se presentan con una versión reducida.