Allá por el año 1987, recopilando material para escribir la historia del puerto, conocí a una persona que me sorprendió, no ya por sus ideas, sino por la pasión que ponía en ellas: César Lombera Pando. El que fuera presidente de la Cámara de Comercio entre 1966 y 1980 y una de las figuras claves para entender esta ciudad en una época singular, falleció el miércoles pasado, en Santiago, a los 89 años.
Cuando llegó por primera vez a Arousa, a finales de los 50, le pasó lo que a tantos emprendedores: llegó, vio y ya no se pudo marchar. Compró la fábrica de La Atlántica, en Vilaxoán, una industria química que había cerrado, y la convirtió en una moderna y prometedora empresa de bienes de equipo. Entre ellos, por ejemplo, la primera batea de mejillón enteramente metálica. También allí se creó la primera escuela de aprendices, ancestro de la actual formación profesional. Con sus más de 60 trabajadores, La Atlántica llegó a ser un símbolo de Vilaxoán.
Vasco de nacimiento pero gallego de adopción, desde la primera vez que se alojó en el Hotel Casablanca, César Lombera se llenó la retina del Mar de Arousa y sus enormes potencialidades. «Arousa está dormida», solía decir. Pero no se quedó, como tantos, en eso. De los dichos pasó a los hechos. Elegido presidente de la Cámara, no dudó en usar esa plataforma para luchar por lo que creía, lo cual, sea dicho de paso y en los tiempos que corren, es de alabar.
Bajo su mandato se creó Fexdega. «Los intereses generales primaron en su nacimiento, pero luego los particulares se encargaron de cercenar su futuro», me confesó en una entrevista para La Voz en el 25 aniversario de la feria. Sobre la necesidad de contar con terrenos propios: «Lo malo de Vilagarcía es que siempre ha querido tener todo en su regazo, el puerto, la feria, todo». Y sobre la profesionalización: «Lo que no se puede tener es una idea transitoria: hoy hay feria y mañana Dios dirá». En fin? esto lo dijo en 1991.
Defensor de la industrialización
Testigo de la transformación de la ciudad en los 60 y 70, Lombera fue protagonista activo de los grandes debates de la época. El paro arreciaba, la emigración era el pan nuestro de cada día y había una crisis económica mundial -no sé si les suena-; él puso todo su empeño en la industrialización de Arousa.
El Iberpuerto, la posible instalación en la ría de la Alúmina-Aluminio y de la IV Siderúrgica, el Polo de Desarrollo o la ampliación del puerto, fueron defendidos a capa y espada por Lombera. Sin duda, algunas de esas propuestas son discutibles, como lo fueron entonces, pero lo que no se le puede negar es que en su defensa no solo puso pasión sino conocimiento: algunos de los mejores expertos nacionales pasaron por aquí y argumentaron las posibilidades industriales de Arousa. Al final, salvo algunas facetas del Polo de Desarrollo -ahí está el por qué del polígono de Bamio y de algunas de las empresas en él instaladas-, poco se llevó a cabo, sin entrar a valorar si por suerte o por desgracia. Pero lo cierto es que todo aquello, con Lombera de altavoz, contribuyó a poner en el mapa a Vilagarcía.
Trasladado su domicilio a Santiago por razones familiares, Lombera redescubrió su amada Arousa desde otro punto de vista, primero en coche, con aquellas «99 curvas bien contadas» entre Cordeiro y Catoira, y después en tren, admirando cada día la hermosa unión de ría y río. Viajes en los que seguro también pergeñó algunas de sus críticas de arte, al que era tan aficionado. Unas veces sobre Rivas Briones, otras sobre Sevillano, Virxilio y tantos otros.
El miércoles, Lombera Pando falleció, pero sus pensamientos permanecen, para quien los quiera leer u oír. Vean, si no, este de 1977, en plena crisis económica: «Se ha perdido el respeto al valor del dinero, como consecuencia de la falta de confianza». Allá donde esté, que le vaya bonito. Cuanto más arriba, mejores vistas sobre su Arousa del alma. Porque, como solía repetir: «Nos lo podrán quitar todo, menos el sitio en el que está».
obituario césar lombera pando