A Inprocar de Carril S. L. se le concedieron a través de la Xunta 3,1 millones de euros, de las cuales percibió 2,6, para la puesta en marcha de su proyecto para la producción de semilla de almeja. Esta iniciativa pivota sobre dos pilares fundamentales: un criadero que bivalvos (hatchery) que está situado en Ribeira y una plataforma de preengorde flotante (similar a una batea), fondeada en la ría de Arousa. La primera está cerrada desde hace dos años y la segunda nunca llegó a funcionar. Pero, según puntualiza Villanueva, fue por causas ajenas a la voluntad de esta empresa.
La apuesta
Entre los obstáculos con que se encontró Inprocar en el camino está, por un lado, la contaminación de las aguas en la zona de A Graña y, por otro, el retraso que acumuló la puesta en funcionamiento de la batea «porque non nos daban a concesión». «O que nós fixemos non o fixo ninguén. Estamos falando dun prototipo de batea e da producción industrial de semente. É unha vergoña que compare a Inprocar coas minihatchery», indicó en relación a la comparativa establecida por Maneiro para poner en evidencia la baja productividad de las instalaciones de Ribeira. «E non é certo que non se cumpriran as expectativas de producción. En tres anos sacamos 24 millóns de unidades e se despois tivemos que parar foi porque non tiñamos a batea en marcha», explicó.
De 3 a 22 milímetros
El ciclo productivo diseñado por Inprocar establece la obtención de crías de almeja hasta los 3 milímetros en la planta, en tierra, y su preengorde a flote, hasta alcanzar una horquilla de entre 15 a 22 milímetros. La última fase es la siembra de los bivalvos en los parques. El naufragio de este proyecto empresarial supuso el cierre de la planta y un expediente de regulación de empleo que afectó a siete trabajadores. Otro problema con el que se enfrenta Inprocar es el deterioro a que se expone la planta debido a la falta de uso, según informó Villanueva.