¿En la inopia?


De repente algunos parecen haberse caído del guindo y se han dado cuenta de que las centrales nucleares son muy peligrosas; las democracias occidentales son mucho más proclives a intervenir para prevenir masacres en países donde tienen intereses económicos; y los mercados, a los que nadie vota, ejercen casi una dictadura sobre los gobiernos elegidos por los ciudadanos en las urnas. Véase Portugal, donde al final, ya lo verán, se harán los ajustes con Sócrates o sin él.

Si no hubieran existido la catástrofe de Chernóbil, la guerra de Irak del 2003 o la reciente crisis financiera se podría entender que mucha gente estuviera en la inopia. Sí, el desastre de Fukushima podía ocurrir. Sí, Occidente ha acudido a proteger a los rebeldes libios, en una guerra justificada y legal, pero el Consejo de Seguridad de la ONU tiene un triste historial que muestra que no autorizó intervenciones contra los regímenes de Pol Pot, Idi Amin o Slobodan Milosevic ni para detener los genocidios de Ruanda o Darfur. Además, mientras se ataca a Gadafi, Assad masacra a los sirios e Israel sojuzga a los palestinos de Gaza, por citar solo dos casos, sin que la comunidad internacional mueva un dedo. Sí, los griegos, los irlandeses, los portugueses y los españoles han sufrido las consecuencias de la ineptitud de sus gobernantes, en mayor o menor medida, pero también de una crisis internacional provocada por la codicia de los bancos estadounidenses y la desregulación de los mercados.

Japón, Libia, Portugal. Tres asuntos totalmente diferentes, pero que ponen de manifiesto que la realidad es compleja y que nada suele ser como parece a primera vista.

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