Las 105 velas de Adolfina González

AROUSA

Adolfina es una mujer coqueta. Le gusta estar bien peinada, bien vestida y bien engalanada. Los pliegues de su piel empañan, sin mancharla, la hermosura de un rostro en el que los ojos siguen reclamando el protagonismo. Adolfina es, en fin, una mujer de armas tomar a sus 105 años. Los cumplió ayer, y en la residencia Santo Ángel de O Grove, donde vive, le celebraron una fiesta a la altura de tan señalada ocasión. Como en todos los cumpleaños, el momento central de la fiesta fue el de las velas y la tarta: un delicioso pastel en el que la familia de Adolfina vertió mucho amor y, también, muy buenos productos. Chocolate, nata, fresa, y una sorpresa de corazón de melocotón que hizo las delicias de quienes quisieron cantarle a Adolfina su cumpleaños feliz.

Flores. Ese fue el regalo que el concejal de Igualdade e Benestar de O Grove, Carlos Álvarez Besada, entregó a Adolfina. El edil acudió a la residencia Santo Ángel para compartir un rato de cháchara con la vecina más veterana de la localidad. «O Concello quere homenaxear a esta veciña que supera o centenario», había dicho Besada antes de acudir a la cita. En todo caso, este no es el primer homenaje que recibe Adolfina, que hace ya cinco años se puso una corona para celebrar que a sus espaldas llevaba ya un siglo de vida. El tiempo que ha pasado desde entonces ha dejado su huella en esta mujer de un cabello de un blanco perfecto. Su cabeza sigue funcionando a la perfección, y su cuerpo, aunque necesita ayuda para superar algunos retos de la vida cotidiana, también se sigue defendiendo. Adolfina, de hecho, mantiene intacto su apetito y su buen paladar. Ayer, por ejemplo, como era su cumpleaños podía elegir el menú del día. Y a su familia le pidió un surtido de platos dignos de estar sobre las mejores mesas: caviar, langostinos y champán.

No sabemos si Adolfina dio cuenta de todos los manjares que le pusieron sobre la mesa a la hora de comer. Pero sí sabemos que el trozo de tarta que le sirvieron fue consumido con deleite por la homenajeada. A ella no le preocupan ya los kilos de más. Entre otras cosas, porque es una mujer que a sus 105 años, y a pesar de sus problemas de movilidad, sigue disfrutando con las actividades físicas. «Le encanta la gimnasia», contaba ayer una de sus cuidadoras. De hecho, los días que tiene en su horario un rato reservado para el ejercicio, «está encantada». Mueve piernas y brazos «a su manera», y afirma que la actividad le va de perlas. Por eso «le pone voluntad» a las clases de gimnasia. Luego, se atilda y se pone guapa. Porque ella no pasa sin sus joyas: su collar y su broche son piezas de las que le gusta estar siempre acompañada.