La Festa da Auga atrajo a unas 6.000 personas menos que el pasado año, pero aún así fue multitudinaria
17 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Vilagarcía fue ayer escenario de una guerra de agua de proporciones gigantescas. Las calles del centro se convirtieron en un gran campo de batalla en el que cabía todo tipo de lucha: desde los cubazos lanzados sin aviso desde las ventanas, hasta el enfrentamiento a pecho descubierto con las mangueras de los bomberos, sin olvidar las escaramuzas entre grupos pertrechados con con todo tipo de armas: pistolas compradas a última hora en bazares chinos, escopetas elaboradas en casa con dos botellas de refresco, cubos, vasos en los que alguien se acababa de tomar una cerveza de litro...
Según la Policía Local de Vilagarcía, este año se mojaron en la ciudad entre doce y quince mil personas. Muchas almas, sí, pero muchas menos -6.000 menos, según los agentes- que el año pasado. En aquella ocasión, la fiesta cayó en domingo y eso hizo que el baño más multitudinario del verano gallego alcanzase el horizonte de las 20.000 personas.
Hubo menos gente, y a muchos les quedó también la sensación de que hubo menos agua cayendo desde las ventanas y en los chorros de las mangueras con las que el personal municipal regaba a quienes, ante ellos, suplicaban una ducha con los brazos en alto. Menor fue, también, el número de personas que decidieron disfrazarse para poner el toque colorista a una celebración en la que, por lo demás, sobró diversión y jolgorio. Porque si todo se redujo, también lo hicieron las peleas y los altercados. Al menos así lo aseguró la Policía Local de Vilagarcía, que empleó el epíteto «tranquila» para calificar la jornada.