19 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Junto a la cama donde duermo hay pegado en el lateral del armario unas palabras seleccionadas de José Saramago. El escritor, pensador y humanista portugués murió ayer en la isla de Lanzarote a los 87 años de edad. Dicen de él que escribía igual que vivía. Yo creo que también ha muerto como escribía. Lúcido. Digno. Crítico. Comprometido. Y realista. Me gustan los hombres que, cómo él, creen en lo que dicen y dicen lo que creen. Aquellos que con sus palabras y sus actitudes nos hacen pensar un poco en qué estamos haciendo con nuestras vidas. Saramago creía que era un ultraje hablar de democracia en este mundo. Decía que en ningún rincón del planeta el poder estaba en manos del pueblo. Y eso es lo que significa la bella palabra griega que es democracia. Decía que eran las multinacionales las que hacen y deshacen. Las que manejan a los gobiernos y finalmente a todos y cada uno de nosotros. Y es así. En estos negros tiempos de crisis se ve claramente. Las grandes empresas ganan más dinero, mientras el resto sufrimos la crisis. Saramago decía que eran tiempos para aullar en contra de este sistema injusto. No hacerlo es hacerles el juego a los que juegan con nosotros. Y esa es la verdadera crisis. No aullar cuando nos pisan y sonreír.