La clave está en Marta Rodríguez

La postura que adopte la diputada y número cuatro del PPdeG definirá la apuesta de Santiago en el pulso entre Fole y Puertas


Las cartas están, por fin, boca arriba siguiendo un guión que se escribió hace tiempo, cuando se desataron las hostilidades entre Rafael Louzán y Tomás Fole, y encontró en Javier Puertas a su otro protagonista tras la victoria del Partido Popular en las pasadas elecciones autonómicas. El presidente de la Autoridad Portuaria acaba de presentar sus credenciales para dirigir la formación conservadora en Vilagarcía, arrebatar el mando de la gaviota, y de paso la candidatura a la alcaldía en los comicios del año que viene, al actual portavoz municipal y por el momento líder de los populares locales.

Puertas ha entrado en escena desde la sede de la calle Castelao generando un golpe de efecto muy potente, rodeado de rostros conocidos entre los que, por razones obvias, destaca el de Jesús Pérez Arca, concejal y diputado en el Congreso, que con su apoyo al responsable portuario rompe la aparente solidez que el grupo municipal del PP vendió desde el inicio del mandato. Las consecuencias de este paso serán decisivas para la política conservadora en Ravella, gane quien gane el congreso del 12 de junio. Si lo hace Fole, Pérez Arca estará absolutamente descolgado y en lugar de siete concejales funcionarán hasta las elecciones seis más uno. Si es Puertas quien vence, el portavoz quedará desautorizado automáticamente y su única salida será la dimisión. Ya no hay marcha atrás.

No caben dudas acerca de los poderosos apoyos que asisten al presidente del Puerto. Louzán, y con él las armas de la cúpula provincial del partido y de la Diputación, jugarán a su favor. Desde el inicio de este particular pulso, cuando Tomás Fole perdió la batalla por la Autoridad Portuaria, se ha especulado con la posibilidad de que la dirección gallega del PPdeG prestase, llegado este momento, su respaldo al actual portavoz local. La capital arousana se convertiría, así, en el tablero de una peculiar partida de ajedrez con el control de la gaviota pontevedresa como telón de fondo. La amistad personal que une a Fole con el secretario xeral de los populares gallegos, Alfonso Rueda, alimenta esta hipótesis y, con ella, las esperanzas de Fole de resistir la acometida.

Nuevamente, las consecuencias de lo que ocurra el 12 de junio serán importantes. Si vence Fole, Louzán tendrá motivos para preocuparse. Si lo hace Puertas, el dominio del de Ribadumia sobre la baronía pontevedresa ganará enteros. Algo que no estaría nada mal para apuntalar su causa, dadas las grises perspectivas que, al parecer, arrojan las últimas encuestas encargadas por la gaviota tanto en la capital provincial como en Vigo.

De todas formas no hará falta esperar a la celebración del cónclave vilagarciano para tener una idea definida sobre lo que Santiago quiere y espera de este proceso. Bastará con comprobar la posición que adoptará Marta Rodríguez Arias, que al fin y al cabo ocupa el cuarto lugar en el escalafón del PPdeG. Si la diputada y portavoz parlamentaria adjunta apuesta públicamente por Tomás Fole, con quien ha formado un equipo sólido en el Concello a lo largo de los últimos ocho años, se escenificará claramente que la nécora está con él. Pero si Rodríguez Arias no se moja, Fole quedará a merced de sus propios recursos. En un partido vertical hasta el vértigo como el PP, las rebeliones desde abajo no suelen gozar de demasiadas perspectivas de éxito. Lo quiso hacer Xosé Cuíña a su manera, desde el segundo escalón del poder autonómico con ocasión del Prestige , y ya se vio cómo acabó todo. En la larga historia de mando que los conservadores han escrito en Galicia, solo el ferrolano Juan Juncal fue capaz de ganar en su día el congreso al candidato oficial de Manuel Fraga para, a continuación, hacerse con la alcaldía de la ciudad gracias al apoyo del independiente Juan Fernández. Aquí, por cierto, tampoco faltan independientes. Y no es necesario ser demasiado avispado para comprender que, si debe elegir a quién respaldar, José Luis Rivera Mallo, que ha vivido en sus carnes una defenestración en toda regla, pondrá el peso de su gente del lado de Fole.

Por lo demás, habrá quien se inquiete pensando que el PP no goza, en Vilagarcía, de demasiada independencia. Pecará, así, de ingenuo. Porque desde el desembarco del hoy denostado Pablo Crespo en 1995, las riendas de la formación conservadora siempre han estado en otra parte, y de aquello hace ya quince largos años. Solo cuando la gaviota recupere el poder municipal habrá de nuevo en la capital arousana capacidad de decisión. El 12 de junio servirá para designar al hombre que tratará de lograrlo, una vez más, en el 2011.

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