En Catoira, el alcalde socialista Alberto García va a subir los impuestos y las tasas municipales. Justo al contrario que casi todos los concellos gallegos, que han congelado la carga fiscal a sus vecinos para ayudarles a capear la crisis. No parece una buena idea, pero estoy seguro de que al Concello no le queda otra si no quiere entrar en bancarrota. El verdadero debate no es si se suben o no los impuestos. Lo que a mí me suscita mayor interés es por qué un Ayuntamiento como el de Catoira no ha tardado ni un año en zozobrar en el temporal de la crisis. Por qué Catoira aguanta peor la crisis que otros municipios. En el BNG dicen que porque García ha despilfarrado los cuartos de todos. Y en Catoira me consta que hay muchas personas que están de acuerdo. Desde luego, no parece muy ahorrador ni previsor haber dilapidado el dinero de todos en megaproyectos como el del nuevo edificio de Fonte Gaiteira cuando muchos vecinos no tienen ni agua ni alcantarillado. A Catoira le ha pasado un poco como a esas parejas que ganando 1.200 euros al mes contrataron una hipoteca de 800 y créditos para el coche y los muebles por 300 más. Le ha pasado que vivir con cien euros al mes es imposible. Y el despilfarro lo van a pagar ahora entre todos los vecinos.