El río por el que no se puede pasear

AROUSA

En 2004 Costas adjudicó las obras para crear una senda peatonal por la ribera, pero la burocracia, o la falta de ganas, han dejado a Ribadumia sin un paseo por la orilla

21 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Políticos y vecinos de O Salnés están de acuerdo en que el río Umia ha sido uno de los grandes olvidados de esta comarca. Durante años ha servido para recoger aguas residuales y todo tipo de basura. Muy pocos, en cambio, eran los que aprovechaban este increíble entorno para el disfrute. Por eso muchos fueron los que vieron con buenos ojos la idea de costas de construir una senda peatonal desde el puente de Barrantes hasta la desembocadura. Fue un proyecto que vio la luz, por primera vez, en el año 2002. Pero, por ahora, en ese se ha quedado, en un simple proyecto. A pesar de que está redactado, de que ha logrado la financiación necesaria de los presupuestos del Estado y de que el Concello ha cedido los terrenos necesarios para acometer las obras, todo parece indicar que la obra ha quedado olvidada en el fondo de algún cajón.

En noviembre del 2002, el Gobierno central incluía en los presupuestos del Estado una partida de 600.000 euros para el acondicionamiento de los márgenes del Umia mediante la construcción de una senda peatonal. Los planes del Ministerio de Medio Ambiente, entonces, pasaban por comenzar las obras en septiembre del 2003. Unos meses antes de que se cumpliera esa fecha, visitó Ribadumia José Antonio Rueda Crespo, director general de Costas en aquella época. Junto con la alcaldesa, Salomé Peña, se encargó de presentar los detalles de un proyecto que se anunciaba ya como estrella.

Fue entonces cuando se supo que la obra afectaría al margen izquierdo del Umia, donde se construiría una senda peatonal. Esta tendría una longitud de cuatro kilómetros y comenzaría unos trescientos metros antes del puente de Barrantes. En la zona se instalarían pasarelas de madera, zonas verdes y algunos aparcamientos, además de miradores, porque no hay que olvidarse que este es un entorno protegido por la Red Natura en la que anidan numerosas aves.

Pero lo más importante de esta obra es que, además, se iba a proceder a la limpieza de todo el entorno, que actualmente está invadido por la vegetación y por algún que otro vertido que hacen imposible recorrer las orillas del Umia hasta la desembocadura paseando.

En su visita a Ribadumia, Rueda Crespo también dio fechas: el proyecto se expondría al público en mayo y las obras comenzarían antes del verano. Además, ya entonces se elevaba la inversión a 1,7 millones de euros. Pero llegó la estación estival, y también la invernal, y nada se sabía sobre la obra. La burocracia, se pensaba entonces, estaba retrasando el comienzo de los trabajos.

Harta de esperar, la alcaldesa se desplazó en septiembre del 2004 a Costas. Y del Ministerio de Medio Ambiente salió con la promesa de que se iban a financiar los trabajos que, ahora, ya costaban 2,4 millones de euros. Efectivamente, ese mismo año salió la obra a concurso y fue adjudicada. Y los siguientes ejercicios, los presupuestos del Estado siempre guardaban una partida para financiar la recuperación de las riberas del Umia.

El Concello, por su parte, se hizo con los terrenos necesarios para acometer los trabajos, pues esta era una condición imprescindible para que Costas acometiese las obras. Pero entonces llegó el cambio de Gobierno a Madrid.

Al igual que pasó con muchos otros proyectos, este quedó pendiente de que los nuevos dirigentes revisasen todo lo que le habían dejado sus antecesores en el cargo. Siguieron apareciendo partidas en los presupuestos del Estado, pero nadie apareció por Ribadumia para hacerse cargo de los trabajos y, a día de hoy, las riberas del Umia continúan siendo un espacio casi inaccesible.

Todo esto ha servido para que el proyecto se haya convertido en un arma política. Los populares, con el presidente de la Diputación y concejal ribadumiense Rafael Louzán al frente, aseguran que la obra ha quedado paralizada por cuestiones de color político, pues el nuevo gobierno de Madrid no quiere hacer nada en aquellos municipios que no sean de sus mismos ideales. Y en Costas aseguraron, todavía esta semana, que la obra está siguiendo su tramitación administrativa y que esta es lenta, pero que en ningún caso está paralizada.

Lo realmente cierto en toda esta historia es que este proyecto, que permitiría poner en valor y recuperar el Umia, acumula un retraso de más de seis años y que nada parece indicar que las obras vayan a comenzar en breve. Aún así la alcaldesa, Salomé Peña, no se rinde. «Son unhas obras que pertencen a Ribadumia e á súa poboación. E o equipo de goberno imos seguir facendo toda a presión necesaria para que o Ministerio de Medio Ambiente as retome», aseguró a este diario. Considera que «eses cartos son de Ribadumia, para que dispoña dunha ruta de senderismo orientada cara a educación ambiental ao mesmo tempo que se recuperan as marxes do río».

Precisamente esa es una asignatura pendiente de la comarca: recuperar los márgenes del río para permitir a sus vecinos disfrutar de este entorno natural de extraordinaria belleza. Ya se ha hecho en algunos tramos, pero no en el de la desembocadura, que sin duda es de los más bellos. Pero todavía habrá que esperar algún tiempo para poder ir andando desde el puente de Barrantes, hasta la cambadesa parroquia de Castrelo.