El día se presumía largo, pero quizá no tanto. El lunes por la noche las asociaciones de Pladimega ya tenían organizada la distribución de su gente por los piquetes. Se hablaba de tres zonas calientes: Cabo de Cruz, Vilaxoán y Vilanova. Finalmente fue este último puerto donde se concentró la movida .
A las nueve ya estaban los bateeiros haciendo guardia en el muelle de O Cabo, donde llegó a haber cerca de quinientas personas. Llegaron de A Illa, de O Grove, de Bueu y de otros puertos con un objetivo común: evitar que el mejillón de «los esquiroles» saliera del puerto.
Los antidisturbios debieron pensar que esta misión iba a ser más sencilla porque, en un principio, alguno ni siquiera se puso el casco. Poco tardaron en protegerse y sacar los escudos y las porras. En cuanto los barcos de la Federación Norte asomaron por el puerto empezaron los primeros escarceos. Y tras los insultos a los agentes, llegó la primera carga policial. A lo largo de la mañana los piquetes quemaron una vieja grúa que había en el puerto, colocaron una barricada con viejos cajones de batea en la carretera del puerto e hicieron explotar varios petardos en los contenedores. Algunos piquete, los menos, trataban de cubrirse la cara con pasamontañas y capuchas. Su temor era ser identificados así que los cámaras y fotógrafos tuvieron que hilar fino para hacer su trabajo.
Los ánimos se relajaron a partir de la una de la tarde. Se coló algún rayo de sol entre las nubes y algunos empezaban ya a hablar de ir a buscar el bocadillo. «Isto vai para largo», comentaba un bateeiro. Pero a alguno el bocadillo se le atragantó.
El peor momento
A las dos y media los antidisturbios empezaron a replegarse por la zona para hacerle un pasillo a los dos camiones que salían del puerto cargados de mejillón. Un grupo de bateeiros se sentó en medio y medio de la carretera y no se levantaron hasta que empezaron a caerles porrazos a mansalva.
Agentes custodiaban los camiones por delante, por detrás y por los costados, pero no pudieron impedir que les cayera una lluvia de piedras. Perdido el primer asalto en el muelle, los mejilloneros siguieron a los camiones por todo el perímetro del parque de O Cabo y lograron destrozar el parabrisas del primer trailer a pedradas, pero no pudieron pararlo. En medio de esta batalla campal algún coche que tuvo la mala fortuna de circular por allí a esa hora salió mal parado y un conductor, ajeno al conflicto acabó con el parabrisas roto y la rabia en el cuerpo. «Había que queimarvos a todos os bateeiros», vociferaba.
El próximo objetivo era seguir los camiones ¿A qué cocedero van? se preguntaba el personal. Pero ya nadie los paró. Por la tarde estuvieron más prevenidos, y cuando a las siete y media salió el segundo convoy con cinco camiones, algunos bateeiros estaban apostados en la carretera para vigilar el recorrido hasta los cocedores de Vilaxoán.
Entre tanto, en la iglesia de Vilanova esperaba otro nutrido grupo de gente. A las siete y media tenía que salir la procesión de San Cipriano -ayer era el día del patrón- y se retrasó ante el follón que había montado en O Cabo.
Quizá los únicos que salieron ganando fueron los bares que se encargaron del suministro de bocadillos, bebidas y tabaco de los piquetes y, también, de algún guardia civil.