El Concello paraliza una de las obras levantadas sobre el muro de A Tomada

Serxio González Souto
Serxio González VILAGARCÍA

AROUSA

VÍTOR MEJUTO

La promotora responsable inició su construcción sin disponer de licencia municipal JUNIO DE 1999 JUNIO DEL 2007

18 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

En apenas tres años, el período transcurrido desde el inicio de la urbanización de A Tomada, la fisonomía del emblemático monte carrillexo ha sufrido una radical transformación. Un muro conformado por monumentales bloques domina ahora el paisaje. Sobre él se levantan cuatro auténticos atentados visuales, cuatro viviendas en construcción de las que tres se asoman, literalmente, al vacío, en el borde mismo de la vergonzante estructura pétrea. Uno de estos navajazos de ladrillo acaba de ser paralizado por los servicios municipales de Vilagarcía. El motivo no bucea en disquisiciones sobre alturas, volúmenes o voladizos. Es mucho más primario: la promotora, con sede en Tremoedo (Vilanova), presentó en su día un proyecto y una solicitud de licencia. Pero no esperó a obtenerla para poner manos a la obra. El empresario inició la construcción y punto. El responsable de los trabajos asegura que no ha recibido notificiación alguna por parte del Concello, pese a que fuentes municipales confirman que la orden de paralización existe. En todo caso, el hombre reconoce que en estos momentos no hay actividad en el solar sobre el que se yergue una estructura de sótano y dos plantas, que destaca sobre el horizonte de Carril como un cuchillo clavado en un molete de pan. Es más, la promotora espera retomar las obras en cuestión de meses. La resolución de este conflicto puede no ser tan fácil como espera la empresa, puesto que la intervención no sólo carece de autorización municipal, también ha invadido varios metros la zona de cautela arqueológica establecida en el 2000 por la Dirección Xeral de Patrimonio. Por aquel entonces, el departamento autonómico emitió un informe que, en la práctica, significó la muerte de A Tomada de San Roque y el surgimiento de la mastodóntica urbanización que pilota Falcón desde la inmobiliaria O Castriño. El organismo descartó que en el lugar existiese un castro, como se presumía, aunque sí restos de la Edad del Bronce y el Medievo. Por ello, Patrimonio redujo la zona de protección integral a 1.300 metros de un total de 115.000 metros cuadrados y estableció dos áreas de cautela, donde cualquier movimiento precisaría de su permiso expreso. Evidentemente, alguien se lo ha saltado a la torera.