Algunos apuntes populares

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AROUSA

La cosa política

02 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?nas trescientas personas, en su mayoría jerarcas, cargos orgánicos y antiguos gestores de la cosa pública en Santiago, Madrid y sus delegaciones. Esta era la composición fundamental del contingente de militantes conservadores que el martes pasado iniciaban el curso político del Partido Popular en el clásico banquete de Quinteiro da Cruz. La reunión de Ribadumia aporta interesantes matices sobre la situación actual que la gaviota exhibe en Galicia. La mesa, digamos, presidencial, ubicada en el centro de la carpa bajo la que se meneó el bigote -menú, por cierto, estrictamente populista, pulpo, empanada, carne ao caldeiro y filloas- lo dijo todo acerca del quien es quien hoy en día en el PPdeG. Hace seis años, semejante congregación de comensales hubiese resultado del todo imposible. A la vera del senador Manuel Fraga , que ocupaba puesto honorífico, se sentaban el presidente provincial de A Coruña y alcalde de Ferrol, Juan Juncal , y su claro inspirador, Romay Beccaría , tal vez el auténtico vencedor de la pugna interna desatada por la sucesión del ex presidente de la Xunta. También, por supuesto, Alberto Núñez Feijóo , el secretario de organización, Alfonso Rueda , y Rafael Louzán . La única referencia, cada vez más tibia, a aquellas boinas que en su día mandaron al gallinero al mismísimo Mariano Rajoy era el barón ourensano, convertido por los avatares de la vida política en un verdadero experto en materia de supervivencia, José Luis Baltar se distinguía de sus contertulios por la indumentaria. Todos, salvo Fraga y Gerardo Fernández Albor , ambos de traje y corbata, vestían impecables camisas de raya vertical, las de Feijóo y Romay casi idénticas. Baltar prefirió, en cambio, un polo de tono anaranjado. Las diferencias entre el uno y los otros no se agotaban en el género textil. La propia actitud del de Ourense, campechano, buscando el abrazo y la palmada constantes, contrasta con la actitud más distante y urbanita del actual núcleo duro del partido en Galicia. Todo ello denota que la indiscutible victoria interna de Núñez Feijóo no ha eliminado las dos sensibilidades que coexisten en el seno de la formación conservadora aunque sí ha invertido sus relaciones jerárquicas. Los que antes llevaban las riendas del PPdeG, hoy son cadáveres políticos o llevan camino de convertirse en tales. No obstante, las bases que constituyen la principal fortaleza de los conservadores, el núcleo de su electorado, siguen respondiendo mucho mejor al perfil de la boina. Tanto es así, que un paisano ojeaba, extrañado, al ferrolano Arsenio Fernández de Mesa , aquel delegado del Gobierno de Aznar que bregó con escasa fortuna contra el despropósito del Prestige , hoy aupado al Congreso. El hombre no se reconocía ni por asomo en quien, teóricamente, es uno de los referentes de su partido en Madrid. El cordón umbilical Hoy por hoy, las conexiones entre la cúpula urbanita del PPdeG y esa base popular de la gaviota gallega se establecen, al menos en Pontevedra, a través de dos personas. El presidente de la Diputación, Rafael Louzán, y el alcalde de Lalín y presidente de la Federación Galega de Municipios e Provincias, Xosé Crespo . Crespo, por cierto, ocupó inmediatamente el asiento de Fraga en la mesa cuando éste se retiró, hacia las cuatro de la tarde. Significativo. Más o menos a esa hora hacía su aparición Xosé Manuel Barreiro , el teórico número dos del esquema conservador. Con él, se completaba en Ribadumia el equipo que hoy pilota el aparato popular. Fraga ya se había ido. Pero poco antes, en el estrado de los discursos, el fundador del PP dejó para la hemeroteca reveladoras sentencias. Fue el único que se acordó de que entre los presentes estaba el primer presidente que la antigua AP dio a la Xunta, Fernández Albor, y aprovechó la referencia para traer a colación la moción de censura que derrotó a aquel débil gobierno suyo. Aquello, para Fraga, fue una auténtica «traición». Y de traidores tachó a quienes actualmente «quieren dividir el partido». Tanto se encendió el ex presidente que incluso tiró un vaso al suelo, componiendo así una especie de dejà vu de la noche electoral del vaso roto, en 1999, cuando el PP perdió las principales alcaldías gallegas y estuvo a punto de caer en la Diputación de A Coruña, cosa que sucedería cuatro años después. Las palabras de don Manuel no surgen, sin embargo, de un calentón, sino de la amenaza, que se barrunta entre bastidores, de que desde Lalín parta una nueva aventura electoral que podría poner en serios aprietos a los conservadores a la hora de mantener el control del pazo provincial. ¿Refuerzo en Vilagarcía? Ya en clave local, se respiraba en el ambiente un cierto pesimismo con respecto a la posibilidad de que las negociaciones para una virtual integración de Independientes por Vilagarcía lleguen a alguna parte. En el PP no acaban de fiarse de José Luis Rivera , y hay incluso quien le acusa de mantener un acuerdo soterrado con los socialistas. Ante esta perspectiva, y la constatación de que el PSOE ha encontrado en Enrique León a un candidato sólido, la gaviota trabaja en el refuerzo del equipo que liderará Tomás Fole . Hay quien apunta a José Juan Durán como uno de sus posibles compañeros. Hace vida en Vilagarcía, ha demostrado dotes de trabajo en la Diputación, tras convertir el PP de Vilanova en una máquina de cosechar votos, y sus relaciones con su hermano Gonzalo no son lo que eran. Aportaría, además, una baza de futuro si fuese necesario. ¿Quién da más?