El próximo jueves, con La Voz, una nueva edición de la Guía de Másters de Galicia
AREOSO | O |
14 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.UN MUCHACHO de trece años que salió de la casa unifamiliar de sus padres con cincuenta euros en el bolsillo y acabó en urgencias con una intoxicación etílica tras ser convocado por el móvil a un macrobotellón. Una chica hospitalizada también después de pasarse el último año a aguas y alguna pieza de fruta para no superar los cuarenta kilos y poder hacer la carrera de modelo. Una mujer de mediana edad a la que nadie le contó en su infancia que también el sufrimiento y la tristeza forman parte de la vida y por eso se atiborra de fármacos para disimular la depresión. Un anciano que trabajó duro toda su vida para sacar adelante a sus tres hijos y que ahora, sólo dos meses después de la muerte de su mujer, tuvo que ingresar en un geriátrico porque los niños están demasiado ocupados con su trabajo como para preocuparse por él y por sus achaques. Un agresivo ejecutivo que llega a casa por la noche y no tiene más compañía que el güisqui, porque su hermosa mujer hace ya unos meses que se fue con su mejor amigo mientras él se entretenía observando las líneas ascendentes de los gráficos de sus resultados económicos. Una familia venida a menos que mantiene las apariencias gastándose la ayuda familiar en firmas de marca falsificadas y comiendo a costa de los paquetes que le dan en Cáritas. Un grupo de cuatro inmigrantes que llegan en tren a Vilagarcía después de sobrevivir a un arriesgado viaje en pateras, y que tras pasar un par de días recuperándose en un centro de acogida empezarán a conocer la España que los acoge. Y sabrán del niño del botellón, de la muchacha anoréxica, del anciano abandonado, del ejecutivo solitario, de la mujer deprimida y de la familia venida a menos. Esa España real que no salía por la parabólica que en África les hizo soñar con el paraíso hispano.