Nadie puede negar que a los pontevedreses les encanta disfrazarse. Desde uno de los antroidos más potentes de Galicia a las puestas de largo del Liceo Casino, a los vecinos de la ciudad les pone vestirse de cualquier cosa que los saque de la rutina. Quizá sea esto lo que explique el enorme arraigo que ha conseguido, en un lustro justo, la Feira Franca, una celebración que, por increíble que parezca, no existía en 1999. La idea de la Feira se le ocurrió al entonces concejal de Cultura y hoy director xeral de Creación Cultural, Luis Bará. Un día de verano del 2000, cuando el BNG llevaba un año en el gobierno municipal, pidió a los pontevedreses, vestido de comendador medieval y en las ruinas de Santo Domingo, que participasen en una fiesta recién creada. Sorprendió a pocos que, a los pocos días, la respuesta fuese espectacular. El 1 de septiembre, Pontevedra rejuveneció medio milenio y se trasladó a finales del siglo XV, cuando la ciudad era quizá la más pujante del noroeste ibérico. Desde entonces, la Feira Franca no ha parado de crecer, tanto en días de celebración -ahora son dos, mientras que en su primera edición fue uno solo- como en apoyo popular. Los disfraces son cada vez más elaborados, y resulta curioso contemplar el centro de la ciudad convertido en una romería campestre cada vez más concurrida. Ahora, hay quien propone darle más personalidad propia convirtiéndola en un recuerdo de las revueltas irmandiñas de finales del siglo XV, en las que Pontevedra tuvo un papel importante y fue uno de los últimos reductos de los campesinos rebelados contra la nobleza autóctona. Un negocio boyante El negocio de las ferias medievales ha encontrado un buen nicho de mercado en Galicia, en donde se celebran ya con asiduidad. La Festa da Istoria en Ribadavia -fue la primera, la que puso de moda este tipo de eventos-, las celebraciones de A Coruña, Cocubión, Betanzos, Corcubión, Santiago o Alfoz se llegan a solapar en el tiempo. Es rentable, cuentan quienes participan en ellas, caras que se han hecho conocidas para quien haya pasado por varios de estos festejos en el mismo verano. Reconversión La reconversión ha llegado a muchos negocios desde la aparición de estos eventos, ahora extendidos por toda la geografía gallega. Los venteros llegan a ingresar 18.000 euros por fin de semana de trabajo, los omnipresentes cetreros ofrecen su espectáculo a atónitos visitantes en las plazas de aquí o en las calles de allá, los caballeros, casi siempre de la misma empresa alicantina, recrean justas en cada esquina del país... El de las ferias medievales es un negocio boyante y próspero, que cada vez va a más, y que gusta a quienes participan en él.