A la calle por la cara

Serxio González Souto
Serxio González VILAGARCÍA

AROUSA

MARTINA MISER

Reportaje | Cuando la pinta dificulta la búsqueda de una vivienda Llevan diez años en Vilagarcía, cobran sus pensiones, tienen sus recursos, pero alquilar una casa les cuesta dios y ayuda. Esta es la historia de tres compañeros en apuros

03 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Si la barba le cuelga por encima de la papada, si la perrerilla le asoma sobre el entrecejo, si la greñita le protege la nuca del frío polar, no hay fallo: o viste usted traje y corbata y gasta cartera del nueve grueso, compañero, o alquilar una vivienda le va a costar lo suyo. Tres colegas de andar por ahí se lo pueden relatar en primera persona, amigo, a poco que disponga de tres minutos y, si acaso, de algo de calderilla en el bolsillo. Por aquello de echar un trago. Esto de hablar, ya se sabe, seca la boca y la garganta un rato largo. La historia de los tres compañeros podría llenar varias páginas underground de las aventuras de los Freak Brothers . Pero que nadie piense que esto es para tomárselo a broma. Esta gente vive en Vilagarcía desde hace más de diez años, están empadronados desde hace siete y contribuyen como el resto del vecindario a hacer de la capital arousana la octava ciudad de Galicia. Sus nombres, Enrique Collado, entre conquense y asturiano, Juan Casenade, granaíno , y Augusto Bernal, de la misma Salamanca, tal vez no les digan nada. Si tampoco Guaje, Juanillo y Gus les hacen caer de la burra, seguro que un vistazo a la fotografía que acompaña estas líneas les baja de una vez del guindo. Sí, son ellos, los conocen, los han visto. El alquiler perdido La cara, o mejor dicho la pinta, es lo que les ha jugado a los tres compañeros su peor pasada de los últimos años. No viven del aire, claro. Cobran dos pensiones no contributivas y un salario social. Entre unos y otros, garantizan unos ingresos de novecientos euros mensuales, además de buscarse la vida callejeando y trabajando el cuero. Tampoco es que manejen un capital, pero el tema les iba dando hasta ahora para sufragar el alquiler de una casa en el barrio de Os Duráns. Lamentablemente, un desliz sentimental de Gus les hizo verse en la puerta esta misma semana. Habían conseguido el acobillo a través de su moza. Rota la relación, de nada les ha valido el haber pintado las paredes, arreglado la fontanería y acondicionado el cubil en general. La solución llegó en Abalo Sabedores de que la cosa se iba a poner chunga, el trío se lanzó hace un mes a la búsqueda de otra choza en Vilagarcía. La comida en Cáritas y las chiquitas en barras de reconocida sobriedad les permiten atesorar unos ahorros de cuatrocientos euros. Pero ni el personal ni las inmobiliarias están por la labor. En cuanto husmean un pelo más largo que otro, los biempensantes buscan cualquier excusa para alejarlos de su vista y su negocio. Y eso que no piden un palacete, sino algo que ronde los 200 euros. Aún así, muy crudo. Gus no se extraña y recuerda la jugarreta que un periódico de conocida querencia diestra les pasó por las narices en Ourense hace unos años. Un fotero los retrató a la puerta de la catedral, y el rotativo utilizó la imagen para ilustrar su titular de primera: «El turismo que no interesa». Toda una hazaña de talante y buen rollo. A última hora se demuestra que el sector inmobiliario aprieta pero no ahoga. Acaba de salirles una pequeña casa en Abalo, Catoira, al módico precio de 240 euros. Así que toca bus, tren y pateada mientras encuentran otra cosa en Vilagarcía. Si alguno de ustedes se anima, no se corte y dé un toque.