Entrevista | José Ramón Ballesteros Landín Este trabajador de la factoría viguesa de Vulcano prefiere olvidar lo que pasó en Grixó y quedarse con lo positivo de una experiencia tan «absurda» como «dolorosa»
04 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.El caso de José Ramón Ballesteros trascendió a la opinión pública en el verano de 1999, cuando fue detenido en Moraña junto a su mujer y otros vecinos por tratar de impedir las obras del embalse del Umia. Tres años después volvía a ocupar páginas de periódicos y minutos de televisión y radio al encerrarse en su casa de Grixó -rodeada de agua tras el cierre de las compuertas de la presa- para reclamar el pago de la expropiación. Algo que se materializó a finales del pasado abril. -¿Cómo recibió la noticia? -Fue el 22 o 23 de abril a través del banco. Al decirme la cantidad, no había duda. Claro que fue una sorpresa, aunque esperaba cobrar mucho antes. -¿Es cierto que el pago de la Xunta es tres veces superior a la cantidad ofrecida inicialmente? -Es cierto. Me dieron por la casa y la finca 24 millones de las antiguas pesetas. -Después de protagonizar el encierro, ¿cómo fue el proceso administrativo? -La primera notificación del Jurado de Expropiación de Pontevedra la recibí el 21 de enero del 2003. Augas de Galicia recurrió y el jurado desestimó su reclamación. Como tenía dudas sobre si Augas iba a ir a un contencioso, decidí escribir una carta al presidente Fraga, que en otra anterior me había asegurado que cobraría una vez determinado el justiprecio. -¿Da por zanjada la pesadilla? -Esto no se me va a olvidar, ni a mí ni a mi familia. El daño moral no se olvida ni se compensa con dinero. No entiendo cómo se puede hacer esto con la naturaleza. Es aberrante y doloroso ver cómo quedó aquello y total para nada. El embalse se construyó por cabezonería y porque sus impulsores no pusieron un duro de su bolsillo. -La casa de Grixó era su residencia de verano. Supongo que ahora escapará de los ríos... -Está claro, aunque siempre nos gustaron los parajes fluviales. Lo bueno de esta experiencia es la relación con los otros afectados, muchos de ellos gente mayor, que espero cobren pronto. Yo seré uno más de la asociación de propietarios Encoro Non y de la coordinadora hasta que esto se disuelva. -¿Cuál es el peor recuerdo? -El día de la detención. Cuando llegué a Moraña y vi a Loli, mi mujer, hablando con un teniente de la Guardia Civil. Mi vivienda era legal, tenía licencia y no me dejaban acceder a ella. Mi hija sufrió una crisis nerviosa y lo pasamos muy mal. Sobre todo ellos, porque yo trabajo en un sector, el naval, que no es ajeno a los conflictos. Aquella zona era un paraíso y hubiéramos aceptado que nos expropiaran para beneficio y disfrute público.