El palomar El santo abogado del reuma constituye un buen pretexto para degustar unos callitos humeantes. En Vilanova volvieron a dar buena cuenta de la tradición
15 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Quien no comió ayer unos callos en Vilanova fue porque no quiso. Los bares volvieron a servir la tapita con los vinos; en las casas se sacó la olla grande para cocer los garbanzos y, para el que no tuviera ganas de cocinar, se los servían para comer o para llevar en plena plaza de San Amaro. A la comisión de fiestas patronales se le ocurrió organizar una degustación abierta al público frente a la iglesia parroquial a base de 200 kilos de callos. Para la noche todavía habían quedado algunos pero al mediodía ya se habían servido 800 raciones. A cinco euros la ración para llevar a casa y a tres euros la que se servía bajo la carpa del recinto festivo, con cazuela, cubierto y pan incluidos. En Meaño y Sanxenxo también hubo fiesta En Meaño también celebraron la festividad de San Amaro, aunque en su caso le dieron mayor protagonismo a los actos litúrgicos y dejaron para el sábado la verbena y la degustación de los callos. Ayer fue momento para el culto, la procesión y las ofrendas al abogado del reuma. Y en Vilanova no se quedaron a la zaga. Cientos de velas y hasta veinte gallos de corral fueron depositados en la iglesia parroquial como muestra de devoción al San Amaro o San Mauro, según se prefiera. En la parroquia de Arra, en Sanxenxo, también rindieron homenaje al santo y no faltaron las misas, la música y las bombas de palenque. Estamos en pleno enero pero que cuando se trata de festejar algo todas las épocas son buenas, y si hay que tomarse unos callos y queimada, mejor que mejor.