Sálvora muestra sus cicatrices

Serxio González Souto
Serxio González VILAGARCÍA

AROUSA

En directo | El estado del archipiélago arousano tras la marea negra El balance de las tareas de limpieza es positivo, pero no completo. Los últimos restos del fuel son trabajo para el océano

03 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

?l Nauja , un recio velero del Acquarium Galicia avanza hacia Sálvora entre la lluvia y el viento. No es un buen día para salir de cama. Mucho menos para cruzar la ría en busca de los últimos restos visibles del fuel del Prestige en Arousa. Hace un año, la marea negra cercó Sálvora. Su mole pétrea sirvió de escudo, tuvo mucho que ver en la salvación del fecundo mar arousano. ¿Es posible que su huella haya desaparecido por completo en pocos meses? La punta sur de la isla ofrece una cala de abrigo, muy apreciada por los pesqueros, tres de ellos se mecen tranquilamente, a la hora de reparar sus artes. También ofrece una respuesta. La limpieza ha sido importante, Parques Nacionales ha jugado fuerte sus cartas en el más septentrional de los cuatro archipiélagos que conforman Illas Atlánticas. Pero las cicatrices de la contaminación todavía están ahí. Los cormoranes se posan sobre una roca, un con rotundo manchado de hidrocarburo. A su alrededor, más piedras ofrecen las salpicaduras de la peor catástrofe que la ría de Arousa haya soportado en su historia. Es mediodía y la marea está alcanzando su nivel máximo. Posiblemente el agua oculte más restos. Sin embargo, lo que queda a la vista no parece preocupante. El mérito corresponde a algo más que al esfuerzo humano. «O mar trae, pero tamén leva», reflexiona certeramente Juan, uno de los patrones del Nauja . Nada más cierto. Como también asevera Julio Vilches, el farero de servicio, el mar aquí trabaja duro, muy duro. Hace unos quince años, un pequeño carguero naufragó frente al faro. La tripulación no tuvo problemas a la hora de alcanzar tierra. Pero la nave fue destruida sin misericordia por el océano. Tanto es así que sus restos oxidados fueron arrastrados hacia el sur y el este, y hoy agonizan distribuidos entre tres calas distintas. Un paseo hacia el faro, recortando el escarpado litoral, confirma la primera observación. Pinceladas de fuel oscurecen las zonas menos accesibles, pero el grueso del chapapote ya no está. Las tareas de limpieza han finalizado hace semanas. Lo que queda es trabajo de las corrientes, las mareas y los golpes de mar. La entrada de Besugueiro se convirtió, hace un año, en un infierno negro y viscoso. Hoy, aquello es un recuerdo cuya memoria guardan contadas rocas. Es hora de visitar el universo de Julio, la luz de Sálvora, y conjurarse para que nunca más corra peligro de apagarse.