AREOSO | O |
11 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.LA teoría del café para todos se ha reconvertido, por obra y gracia del conselleiro López Veiga, en la teoría del chapapote para todos. Y parece que deberemos estar eternamente agradecidos a quienes hace un año decidieron regarnos a todos de petróleo en lugar de concentrar tan suculento botín en manos de unos cuantos. La discusión sobre si fue prudente o no alejar el Prestige de la costa es seguramente una cuestión de opiniones en la que nunca habrá acuerdo. En realidad, tampoco importa mucho ahora. Las decisiones fueron las que fueron y las consecuencias son las que son. Pero, en cualquier caso, la frase enunciada por el conselleiro no puede ser tomada más que como una broma. Y, por el momento, me temo que en este doloroso asunto no hay lugar para muchas bromas. Sí, ya sé que dirán que del Prestige no queda ni rastro y que nunca antes se había invertido tanto en Galicia. Faltaría más. Es lo mínimo que se podía esperar. Ahora bien, la pregunta es ¿estamos preparados para afrontar otra catástrofe de esas características en caso de que se produzca? Y la respuesta, me temo, sigue siendo «no».