Reportaje | Memorias de un combatiente republicano de Vilagarcía en la Guerra Civil Marcelo acaricia los noventa años. Ex militante de la CNT, la suya es una de las pocas voces que aún pueden relatar en primera persona la contienda que marcó el futuro
23 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?Antes había aquí fulanos de moito carallo, pero a Guerra Civil acabou con todo; hoxe non hai quen se comprometa con nada». Así, sin concesiones, comienza Marcelo el relato sobre una época convulsa, en la que se sentaron a tiros los cimientos de la sociedad española actual. Él pertenece al bando que perdió la partida pese a su legitimidad democrática. Nació en Carril y sigue viviendo en Vilagarcía, sin estridencias, tranquilamente, ni siquiera le apetece que sus apellidos salgan a la luz. Sin embargo, a sus casi noventa años, atesora experiencias extraordinarias, que incluyen combates, medallas, campos de concentración, esperanza y muchas frustraciones. Con apenas veinte años, en julio de 1935, dejó su profesión de ebanista y su militancia en la CNT para cumplir el servicio militar en Ferrol. Comenzó en la repostería, pero pronto se trasladó como artillero al crucero Libertad , el mismo buque, rebautizado, que en 1931 trasladó a Alfonso XIII a su destierro italiano tras la proclamación de la Segunda República en España. Revolución a bordo El 17 de julio de 1936, en la víspera del alzamiento fascista, el Libertad recibe la orden de zarpar de la base ferrolana. «Dicían que había unha folga na Coruña; pero nada diso». Efectivamente, tras una jornada entera de navegación, la tripulación comprende que el crucero se dirige a Cádiz para facilitar el desembarco de las tropas nacionales desde África. La tropa se rebela contra los oficiales, partidarios del golpe, los detiene - desaparecerán a los pocos días- y mantiene fidelidad y buque del lado republicano. El Libertad recala en Tánger, para después establecer su base en Málaga y, caída la capital andaluza, en Cartagena. Tras una auténtica odisea en el Mediterráneo y el Atlántico, y ya perdida la guerra, la tripulación entrega el barco a las autoridades francesas en el norte de África. Su recompensa es un campo de concentración, en una oscura mina. Los prisioneros republicanos sólo tienen dos opciones: retornar a España o alistarse en la Legión Extranjera. «Eu decidín voltar, e metéronos outra vez no cárcere, en Cádiz». Marcelo no regresa a Vilagarcía hasta enero de 1940, donde le aguarda una dura represión.