Un buque en alerta contra el crudo

Abdón Dorca RIBEIRA

AROUSA

El remolcador», cuyo puerto base habitual está en Vigo, ayudó durante la semana pasada al barco francés «Aliette» en las tareas de recogida de fuel en alta mar

27 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Pocas horas después de hundirse el Prestige , el navío francés Aliette absorbía y absorbía sin descanso para que la marea negra dejara de cebarse con las costas gallegas. La mancha estaba ya muy cerca del cabo Corrubedo: la posibilidad de que se infiltrase en las dos rías que delimitan la península barbanzana era una hipótesis más que sostenible. Aquel día, el buque galo aspiró 140 toneladas de un pringoso hidrocarburo que no llegó a manchar el litoral de la ría de Arousa. Para tal logro, contó con el apoyo de un par de remolcadores que acorralaron con barreras anticontaminación al sinuoso combustible. Uno se llamaba Pau da Luz : la embarcación que, junto al Valdivia y al Serra de Santiago permanecía ayer atracada en el puerto de Ribeira a la espera de nuevas órdenes. Gran autonomía El Pau da luz es un remolcador de tamaño medio cuya gran maniobrilidad le permite trabajar en zonas donde los grandes buques no alcanzan. .Con 30 metros de largo (eslora), 8,5 de ancho (manga) y 4,5 de calado, se desenvuelve en rías y costas como pez en el agua. No en vano, las rías pontevedresas conforman hoy en día su lugar habitual de operaciones. A pesar de su lustrosa estampa, la encarnada embarcación cuenta ya con treinta años de experiencia. Primero navegó en Fisterra, donde acometió importantes hazañas como la de rescatar un barco coreano que portaba a bordo 11.000 toneladas de una mercancía muy peligrosa. El Pau da luz logró evitar la tragedia que se cernía en aquel momento frente a las mismas costas de Corcubión. Con los años fue envejeciendo, por lo que fue trasladado desde aquellas aguas tumultuosas de la Costa da Morte hasta las relativamente más calmas de la ría de Vigo. Sin embargo, no dejó de hacer muescas en su casco. Hace once años, remolcó hasta Vilagarcía al Bonu Isaac : un barco que había partido por el medio merced al mal tiempo. El puerto de la ciudad olívica es su base habitual, salvo que se tenga que desplazar hasta otros puntos en casos de urgencia, cuando la alerta dura los 24 horas del día. La tragedia causada por el Prestige es, claro está, uno de ellos. Ahora los siete tripulantes, todos gallegos, están a la espera de que se le encomienden nuevas tareas. Durante la semana pasada, el buque ha servido de apoyo al Aliette en su tarea de recogida de hidrocarburo. Extender barreras de protección e inspeccionar las zonas donde los helicópteros habían avistado combustible fueron sus últimas labores. Aunque nadie les haya informado al respecto, sospechan que la inminente tarea tiene que ver también con la marea negra -¿qué iba a ser, si no?-. «Nuestro trabajo cotidiano es la seguridad», afirma Enrique Vázquez, el jefe de máquinas del buque.