Ribadeo, roto por el dolor en el funeral por los cuatro jóvenes fallecidos en accidente: «Necesitaremos ayuda, volver y ver los pupitres sin ellos va a ser durísimo»

J.A. RIBADEO / LA VOZ

RIBADEO

PEPA LOSADA

«Fóisenos Sergio, fóisenos Lara, fóisenos Jesús, fóisenos Uxía. Fóronse sen esperar a que froreceran os crisantemos»

04 abr 2023 . Actualizado a las 10:26 h.

Roto, desgarrado, desconsolado… los calificativos no alcanzan para definir la tristeza que esta tarde se vivió en la iglesia de Ribadeo, que abarrotaron centenares de personas para despedir a los cuatro chavales, Sergio, Lara, Jesús y Uxía, fallecidos el sábado en un accidente de tráfico en Xove. Una escena ejemplifica la emoción vivida. Finalizado el funeral, el obispo bajó las escaleras del presbiterio dirigiéndose, seguido de sus acólitos, a la sacristía. El organista interpretaba el Largo de Händel, demostrando cuán profundo y triste puede llegar a sonar, hasta qué extremo puede encoger los corazones. En la iglesia nadie se movía, permaneciendo de pie, en un silencio sepulcral, compartiendo tanto dolor con las familias. Concluida la pieza, durante unos instantes todo permaneció quieto. Fue un tiempo que se hizo eterno, hasta que muy tímidamente comenzó la salida. Se prolongó durante casi diez minutos, con gran número de chavales -compañeros de las víctimas-, dirigiéndose a las puertas. Poco a poco, siguió el resto de gente. Sin poder contener la emoción, algunos se abrazaban, otros enjugaban las lágrimas. Y se mantenía el silencio, que todo lo llenaba. Fue una comunión en la desgracia como muy pocas veces se ve, que obligaba a hacerse a un lado, a respetarlo desde la distancia.

Le costará mucho a Ribadeo sacudirse esta desgracia, que golpea a toda una generación. Sobre las cuatro y media de la tarde, gran número de gente se congregaba en torno a la iglesia, esperando al funeral que iba a comenzar a las cinco. En las caras se evidenciaba tanto la tristeza como la resignación por la fragilidad humana frente a los golpes del destino. El estado del joven Daniel, hospitalizado, y de Sergio, dado de alta, acaparaba conversaciones.

Era el momento de acompañar a todas las familias, después de que tres de ellas optasen por no recibir duelo, limitando el acceso al tanatorio a solo los más íntimos. El obispo, Fernando García Cadiñanos, se encargó de presidir la ceremonia. El primero en tomar la palabra fue un feligrés de A Devesa, quien leyó un texto que muchos atribuyeron al cura de esta parroquia, don José: «Fóisenos Sergio, fóisenos Lara, fóisenos Jesús, fóisenos Uxía. Fóronse sen esperar a que froreceran os crisantemos, sen que a luz e a gracia das súas vidas mozas poidera abrirse plenamente. Toda a Mariña quedou sen alento, consternada, sentindo con vós, as súas familias, chorando con vós, intuindo cada latido dos vosos corazóns».

Como primera lectura se eligió un fragmento del Libro de la Sabiduría, del Antiguo Testamento: «El justo, aunque muera prematuramente, hallará descanso; porque la edad venerable no consiste en tener larga vida ni se mide por el número de años». Pero no había consuelo cuando quienes se han ido son cuatro chavales de 17, 18 y 19 años. El obispo, en la homilía, abundó en ello: «No es fácil pronunciar palabras en esta situación tan dramática que ha conmovido a Ribadeo, a toda A Mariña, a toda Galicia… me atrevo a decir que a España entera». Ante una cura imposible, García Cadiñanos abogó por conjugar dos verbos: cuidar y acompañar, «a las familias y amigos que se sienten huérfanos, que sienten su corazón desgarrado y roto por la tragedia». Recordó la fragilidad humana y, frente a ello, defendió la solidaridad, dejando un mensaje de esperanza final: por encima de las luces grises, siempre luce el sol. «El dolor que llena nuestros corazones, las lágrimas de nuestros ojos y el sufrimiento que albergamos impide hoy ver el sol; nos hacen preguntarnos sobre tantos porqués, nos cuestionan sobre el sentido de la vida y la existencia; nos rebelan, y nos hacen gritar… pero no pueden impedir que el sol luzca».

El adagio de Albinoni puso a todos un nudo en la garganta. Y siguió el funeral, hasta su conclusión. Tras la emotiva salida, que el organista quiso concluir con un hilo de esperanza, interpretando un fragmento de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Antonín Dvorák, afuera, la gente hizo corros. Se negaba con la cabeza. Son horas de oscuridad para Ribadeo, pero toca seguir. Algunos miraban al cielo, quizás tratando de buscar el sol que decía el obispo, el que se oculta tras las nubes.

PEPA LOSADA

Camino del cementerio de A Devesa iban, para recibir sepultura, las cenizas de Jesús Navia Pérez, de 19 años, y de Uxía García Pérez, de 18. Sergio Villar, chaval de 18 años, fue enterrado, también en la intimidad familiar, en el cementerio de Ribadeo. Y Lara Pérez Veleiro, la adolescente de 17 años, en O Carballiño.

Ribadeo ha sido golpeado por la tragedia. Y también lo ha sido una generación de chavales que han perdido a cuatro de sus compañeros y que ha quedado rota, con un hueco que no se llenará. Horas antes del funeral, un profesor que tenía a dos de ellos como alumnos, expresaba su consternación por la pérdida y su preocupación sobre cómo se va a encajar esta tragedia: «Necesitaremos ayuda. Al volver y ver los pupitres vacíos… va a ser complicadísimo».