«Ser olímpico ya no es un sueño, ha pasado a ser un objetivo»

Coge fuerzas con la familia y los amigos para un 2019 «ilusionante» cargado de retos


Adrián Ben (Viveiro, 1998) ha vuelto a casa por Navidad. Junto a la familia y los amigos digiere sus grandes logros en el 2018, así como su creciente popularidad, y hace acopio de fuerzas para un nuevo año con retos muy ambiciosos en su agenda. Entre ellos, sacar billete para Tokio 2020. «Cuando vengo a Viveiro me voy con las pilas muy cargadas», declara el corredor del Fútbol Club Barcelona, uno de los jóvenes talentos más valorados en el atletismo español. En unos días deberá hacer de nuevo las maletas para reincorporarse a la exigente rutina en la Residencia Blume, en Madrid.

-Benditas vacaciones...

-¿Vacaciones? Lo que hice fue cambiar el lugar de entrenamiento (risas)... Es cierto que aquí los días son más relajados porque no debo ceñirme a unos horarios, pero no dejo de entrenar ni un solo día. El tiempo libre lo dedicó a pasear, leer, estudiar, estar con la familia y los amigos, y también para enseñarle esta zona a mi novia.

-Será bien distinta la rutina en Madrid.

-Claro. Allí los horarios hay que cumplirlos.

-¿Fue muy difícil su adaptación a la Blume?

-Cuando uno está en el sitio que quiere no tiene problemas para adaptarse muy rápido. A mí poco me costó. Los primeros días trataba de entrenar, ir a la universidad..., quería hacerlo todo, pero enseguida te das cuenta que todo a la vez es imposible. Hay días en los no se puede compaginar y voy menos a clase de lo que me gustaría.

-¿Ya tiene amigos allí o solo compañeros?

-He hecho buenos amigos, incluso alguno que veranea en Viveiro.

-Ya estarán al tanto de las penurias que pasó antes de instalarse en la Blume.

-Allí el que más y que el menos vivió unos inicios complicados. Muchos ya estaban al tanto y me hacen bromas cada vez que vengo a Viveiro.

-A Mariña sigue sin pistas de atletismo.

-Eso no cambia. Me parece vergonzoso, ridículo, triste..., todos los adjetivos que se le puedan poner, que en una comarca con unos 70.000 habitantes no haya unas pistas de atletismo. Tenemos campos de fútbol, pabellones, instalaciones para infinidad de disciplinas y carecemos de unas instalaciones básicas en las que se pueden practicar 18 modalidades atléticas.

-¿Eso repercute en la salud del atletismo mariñano?

-Por supuesto. Si no hubiera canastas, ¿se jugaría al baloncesto? Si no hubiera porterías, ¿se jugaría al fútbol? Claro que se puede correr sin pistas de atletismo, pero también se puede jugar al fútbol poniendo dos piedras como portería. Es una pena porque en A Mariña hay una buena cantera de atletas y mucha gente comprometida como Luis Ramallal, el que fue mi profesor, Felipe y Pedro (AD San Roque) o Rubén (ED Lourenzá).

-Además de ingresar en la Blume, el fichaje por el Barça fue otro gran punto de inflexión en su carrera.

-Mi despegue no solo se lo debo a mis padres. Alberto Suárez, un mánager de atletas, también tuvo mucho que ver. Él me enseñó el camino cuando llegué a la Blume y fue clave en mi fichaje por el Barça. Otros clubes estaban interesados, pero el Barça es el Barça.

-¿Cuál fue su mejor momento del 2018?

-Cuando salí a la pista del estadio olímpico de Berlín fue una sensación que no olvidaré jamás, pero casi me quedaría con el título nacional sub-23 de cros porque llevaba tres años quedando segundo. Fue un año muy bueno.

-El escenario, la magnitud de la cita, los rivales...¿Qué fue lo más imponente en Berlín?

-Todo.

-¿Qué retos tiene para el 2019?

-El principal es ir cogiéndole el pulso poco a poco a la categoría absoluta, acercarme a las marcas de los mejores.

-Tokio 2020 está a las puertas.

-Ser olímpico ya no es un sueño, ha pasado a ser un objetivo. Si fui capaz de hacer la mínima para el Europeo absoluto, ¿por qué no para unas Olimpiadas? Tampoco será un fracaso no estar en Tokio, habrá más oportunidades.

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