Tres alumnos del Conservatorio de Viveiro han alcanzado la mejor nota en el acceso superior de música

RAQUEL ZAS / S.C. VIVEIRO / LA VOZ

A MARIÑA

XAIME RAMALLAL

La pasión de estos tres jóvenes es la música y además tienen la suerte de poseer un talento fuera de lo común. Son unos pequeños prodigios que acaban de superar con la máxima nota el acceso a nivel superior de música en el Conservatorio de Viveiro.

Saúl tiene 20 años, toca la guitarra eléctrica y estudia composición. Es un chico hablador y gracioso, y contaba entre risas que cuando empezó a tocar se pasaba 10 horas seguidas ensayando hasta el punto de olvidarse la cena.

Xiana, más tímida, hablaba con una enorme modestia sobre sus inmejorables notas. «Hay que practicar y practicar», decía. Su instrumento es el trombón y su sueño es tocar en una orquesta.

El caso de Silvia es algo especial, pues ella ha superado la prueba con tan solo 16 años y eso teniendo en cuenta que no dejan presentarse a menores de edad. Pero después de superar unas pruebas de aptitudes psicológicas en el que se le hacía un test de inteligencia y de creatividad, accedieron a que la hiciese. «Estoy encantada. Aunque me parece un poco injusto para aquellos que son buenísimos tocando pero no son capaces de pasar las pruebas psicológicas».

Pero destacar en un mundo tan competitivo como el de la música no es tarea sencilla, hay que practicar todos los días, por lo menos dos horas. Aunque para ellos no parecía un problema cuando se trata de algo que les apasiona. «Al final es como una droga sin la que no puedes vivir. Realmente la música provoca adicción».

Xiana y Silvia han tenido que pasar una prueba que consistía en tocar una obra ya preparada, otra que les ponían en el momento y hacer el análisis de una pieza. Saúl, por otro lado, que se presentó a la prueba de composición, además de tocar tuvo que llevar obras compuestas por él y defenderlas ante el jurado.

Me llamó la atención ver en unos chicos tan jóvenes un gusto musical tan exquisito. Silvia,que toca la flauta travesera, contaba que su ídolo es Davide Formisano y que suele escuchar música clásica, folk y jazz. Saúl y Xiana, más contemporáneos se decantan por el rock clásico y las bandas sonoras.

Cuando les preguntamos cuál era su sueño, como no podía ser de otra forma no se alejaba del mundo musical. A Saúl le encantaría componer bandas sonoras de cine, «y si ese plan falla, siempre queda dar clase, que está muy bien». A las chicas, por el contrario les gustaría acabar tocando en una prestigiosa orquesta. «Me gustaría tocar para la Sinfónica de Galicia, que es muy buena y además queda en casa. No me gustaría irme a fuera», confesaba Silvia. Para ellos la música es algo que no se puede explicar, tan solo se vive y desde luego no lo igualan con otras sensaciones.