El bazar Polo hace historia

A MARIÑA

Los fundadores de una de las primeras tiendas que se abrieron en O Vicedo, hace 30 años, continúan en el negocio renovándolo y con planes de futuro

21 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Antes, frente al bazar Polo, había un bar y una vivienda unifamiliar. Ahora se ve un edificio, recién construido. Esto resume los cambios que ha experimentado O Vicedo desde que, hace ya tres décadas, Dolores Fernández Calvo y su marido, Jaime Polo Pernas, abrieron la tienda. Estos vecinos de la parroquia de As Negradas se casaron y emigraron a Suiza, siguiendo el rastro de un amigo. Y allí se quedaron 11 años, que se hubieran prolongado de no ser por su hija, María José. «Cuando cumplió siete años tuvimos que decidirnos porque tenía que empezar la escuela, aquí o allí, y determinamos volver», cuenta la madre, «la jefa» desde que se jubiló su marido, el pasado mes de octubre.

Este fue el primer comercio de O Vicedo, junto a la farmacia, además de dos o tres tiendas de alimentación, aseguran. En esta localidad mariñana, a lo largo de estos 30 años, no solo se ha transformado el urbanismo -«agora todo son edificios, un pobo fantasma», lamentan estos comerciantes-, con un crecimiento desmesurado en el último lustro. Cuando la familia Polo Fernández montó el negocio aún funcionaba la fábrica de conservas (clausurada desde hace años), el varadero (hoy también cerrado) «e a barreira, que daba traballo a unhas vinte persoas».

Ya no hay listas de bodas

¿La mejor época? Los primeros años. Toda esta actividad generaba movimiento en la tienda, que siempre ha compaginado el bazar (en la actualidad centrado en el menaje del hogar), del que se encargaba Dolores, y los electrodomésticos, competencia de su esposo, que también se encargaba del reparto a domicilio. «Antigamente -cuentan- tiñamos lista de bodas, pero hoxe xa case non casa ninguén e os que casan piden cartos de regalo».

Pese a todo, María José, que trabajó en la empresa Muíños hasta que nació su segundo hijo, está dispuesta a mantener abierto el establecimiento montado por sus padres. «En un principio voy a intentar seguir con el», indica. Su marido, Antonio Soto Iglesias, también está implicado en la empresa familiar, como responsable del servicio técnico de mantenimiento y reparaciones, y la instalación de antenas.

«Nun sitio pequeno hai que ter de todo e facer de todo». Y el bazar, que pertenece a la cadena Tien 21 -«moi importante, sobre todo, pola publicidade que fai», subraya Jaime- ha ido incorporando aquello que demandaban los clientes. Las ventas, dicen, se mueven por rachas. Hay semanas que todo el mundo quiere comprarse una lavadora y otras que solo piden televisores planos.

Y tantos años de experiencia cara al público, con una clientela fiel, «maravillosa», les han deparado numerosas anécdotas. Hay quien cree que las lámparas de velas llevan, efectivamente, cirios; o una señora que quería adquirir una lavadora aunque, a lo que realmente se refería no era a la máquina eléctrica, sino a una fregona. «E por iso lle extrañaba cando eu lle dicía que facía falla unha entrada e unha saída de auga para instalala», relata Polo. Tampoco falta quien regatee.

La crisis también les está pasando factura, aunque menos que a otros empresarios, ya que tanto la tienda como el local de la exposición son de su propiedad. No pagan alquileres pero, apunta el padre, tampoco perciben rentas. La seriedad constituye el lema del negocio familiar. «Sempre nos baseamos en non enganar ao cliente, non andar con trampas. A formalidade ante todo, e iso continúa coa filla», destaca, satisfecho.

La aventura suiza

En Lucerna, la ciudad suiza donde residían, Jaime trabajaba en una fábrica textil, en la que llegó a ser encargado, y Dolores en una planta de electrónica. «Naquel tempo alí xa había moitos adiantos, computadoras...», evocan. Y su hija se hizo amiga de una niña italiana, una relación que les sirvió para intercambiar el idioma y aprender la una el de la otra. A María José el italiano le sigue gustando, pero la falta de práctica pasa factura; igual que les ha sucedido a sus padres con esta lengua y con el alemán.

Jaime y Dolores cuidan de los padres de él, y María José atiende a su suegra, enferma. Pese a ello la pareja saca tiempo para ir a bailar, los sábados por la noche, y ella se escapa a la playa y a aeróbic.