La presidenta de Bágoas da Terra recibió la medalla de oro de la ciudad entre elogios, en una emotiva ceremonia en la que expresó su gratitud infinita por la distinción
02 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.La ceremonia que tuvo lugar el domingo por la noche en el teatro Pastor Díaz de Viveiro fue de estos gestos que engrandecen a un pueblo, al distinguir a uno de los suyos. Al recibir la Medalla de Oro de Viveiro, María del Carmen López Gómez, Mari Carmen Chipe, ha ingresado definitivamente en la historia de la ciudad. En el Pastor Díaz se vivieron momentos muy emotivos, con discursos entrecortados y un auditorio por momentos en serias dificultades para contener las lágrimas.
Los elogios encendidos al tesón, dedicación, altruismo y voluntad que avalan la trayectoria de Mari Carmen Chipe como presidenta de Bágoas da Terra y directora de la Mostra Folclórica Internacional se sucedieron. Abrió el fuego el periodista Xulio Xiz, presentador habitual de la Mostra, y le siguió José Serrano, presidente de Facyde. Con un nudo en la garganta, se vio obligado a interrumpir su discurso. Tras destacar a Chipe por «haber llevado el nombre de Viveiro por toda España y el mundo, por encima de matices políticos», no pudo continuar.
Javier Holguín habló en nombre de tanta gente que a lo largo de las últimas décadas ha formado parte de Bágoas da Terra. Ensalzó el carisma de Chipe y destacó que la corporación, al otorgarle la Medalla de Oro de Viveiro, ha asumido un sentir popular.
Por último el alcalde, Melchor Roel, tomó la palabra para improvisar un discurso en el que tuvo palabras de recuerdo para Jose Luis Docampo Fortes, el Moro, levantando los aplausos del auditorio. Apuntó que para él era un placer «honrar a una vecina que merece el respeto de todos». Y añadió: «Aunque ahora todos le sigamos llamando Mari Carmen Chipe, ya es Mari Carmen de Viveiro». Roel cedió después el protagonismo a Óscar Soto, esposo de Chipe, a quien pidió que subiese al escenario a entregar la medalla.
Con el público en pie, la presidenta de Bágoas, visiblemente emocionada, recogió el distintivo: «Nunca vivín unha emoción como a que hoxe estou vivindo con todos vós», manifestó, para a continuación ratificar su amor por Viveiro: «Nunca tiven outra meta que Viveiro».
«Pero quero falar en plural, porque quero compartir esta felicidade con dúas familias, a miña de sangue e a miña segunda familia, que é Bágoas da Terra, da que me sinto orgullosa (...) Recibir a medalla é un honor tan grande que a miña gratitude é e será infinita»,
Entre aplausos, reconociendo su nerviosismo a pesar de ser una persona acostumbrada a hablar en público, añadió: «Son a muller máis feliz desta terra, porque haberá xente que queira tanto coma min a Viveiro, pero máis non». Un paso más en su trayectoria, pero que no supondrá un punto de inflexión, como dejó claro para finalizar: «Vou seguir esforzándome por merecer a medalla».