«Sé que a nuestra edad la vida puede acabar de repente»

A MARIÑA

13 jul 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Indudablemente, si no fuese pública y muy conocida su fecha de nacimiento (el año 1929, en la localidad valenciana de Real de Gandía), nadie diría que José Gea Escolano tiene la edad que tiene. Casi octogenario ya, su aspecto no es el habitual entre los hombres de su tiempo. «Estoy bien, ¿verdad?», comenta él, muy sonriente. «Me lo dice todo el mundo». Aun así, confiesa el obispo -él con otras palabras, ciertamente-, la procesión va por dentro. «De salud estoy muy bien, lo que ocurre es que los años que tengo... ¡pues los tengo! No puedo correr mucho, porque me canso. Además, sé que a nuestra edad la vida puede terminar de repente».

Tal y como había anunciado, tras jubilarse decidió marchar «a las misiones». Ahora reside todo el año en Perú. Colabora con los sacerdotes de una parroquia no muy lejana a Lima, la de Santa María, en la Diócesis de Carabayllo. «Hago un poco de todo -relata-, digo misa, estoy en el confesionario, doy algunos cursos para sacerdotes... Estoy contento. En Perú estoy haciendo lo que el Señor me pide». Cada año pasa unas semanas en su tierra natal, en Valencia. Pero este fin de semana ha regresado a la que fue su última diócesis como obispo titular.

Cuando le preguntan si tenía ganas de volver a la Galicia do Norte, a las tierras que tienen sus capitales episcopales en Mondoñedo y en Ferrol, contesta que no sin dudarlo. Y ante el asombro de quien lo preguntaba, pero sin alterar su tono de voz ni lo más mínimo, explica después: «No me gusta volver a los sitios de los que marché. Lo que pasa es que Don Manuel (Sánchez Monge, el actual obispo) me invitó varias veces. Y ante su insistencia, al final acepté».

Sobre la sucesión

Afirma Gea Escolano que ha tenido «un buen sucesor» al frente de la diócesis ferrolano-mindoniense. «Estoy muy contento con el sucesor que he tenido -repite-, porque Don Manuel es como debe ser siempre un obispo, un hombre muy espiritual. Un hombre que dice lo que tiene que decir, y además, cuando debe decirlo».

«Somos muy diferentes en las formas, Don Manuel y yo -añade Gea Escolano-, pero en eso no hay nada raro. Cada persona tiene su propio carácter. Pero en el fondo nuestros principios son los mismos, y nos preocupan las mismas cosas: el bien de la iglesia, el bien de nuestros sacerdotes, el bien de la gente...».

«He sentido algo de nostalgia»

Nada dado a sentimentalismos, admite Gea, con todo, que al pisar de nuevo su antigua diócesis ha «sentido algo de nostalgia». Cosa que no le sucedía, se apresura a aclarar, cuando estaba lejos. Tampoco echa de menos los tiempos en los que acaparaba, con sus declaraciones, titulares en la prensa y muy buenos minutos en los informativos de televisión. «Pero las polémicas no las armaba yo -ríe el prelado-, érais vosotros quienes veníais a preguntarme». Dice, también, que algunas de las decisiones que tuvo que tomar «no fueron fáciles». Y cree, de hecho, que puede haber quien lo vea «como a un enemigo». «Pero si alguien me ve a mí como enemigo -remarca Gea-, que sepa que yo no veo así a nadie»