Todo Viveiro en sus retratos

A MARIÑA

El viveirense Saúl, y sus hermanos Simón y Samuel, son el último eslabón de una saga de cuatro generaciones de fotógrafos, reconocidos por su talento

27 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

No hay casa en Viveiro en la que no tengan algún retrato hecho por Foto Carlos. El ferrolano José Díaz Ariza inició esta saga de fotógrafos profesionales, que ya suma cuatro generaciones. A finales de los años cuarenta del siglo pasado, Díaz Ariza se instaló en Viveiro, donde abrió Foto Cine Ariza, en la plaza de A Fontenova.

Allí empezó a trabajar Carlos Jiménez González, que acabó enamorándose de la hija de Díaz Ariza, Lidia. Carlos y Lidia se casaron en 1949 y ocho años más tarde se independizaron. El fotógrafo Leandro Lander les traspasó su local, en la calle Pérez das Mariñas. De sus siete hijos, solo Emilio José y África colaboraban en la tienda, donde también trabajaba su hermano Alfonso, quien iba de un lado para otro en bicicleta, haciendo 'fotos de calle' (pandillas en fiestas y romerías como Naseiro y As Nogueiras; la ropa de estreno del invierno, en Difuntos; el Domingo de Ramos, etcétera).

Un suceso inesperado

La historia cambió de rumbo con la inesperada muerte de Carlos, a los 41 años, el 1 de junio, día de Corpus. La generación de viveirenses que celebraron su Primera Comunión en 1972 no guardan recuerdo gráfico de la ceremonia. «Emilio y yo tuvimos que hacernos cargo del negocio», cuenta África. La vida también giró para ella y su marido, Juan Feal, obligados a mudarse de Ferrol a Viveiro, con una hija recién nacida.

Emilio tenía 19 años. Él, su hermana, su cuñado y su tío Alfonso se hicieron cargo de las bodas ya contratadas para todo el verano. Era tal la carga de trabajo que a Emilio no le quedaba tiempo para ver a su novia, Loly Rodríguez, de Fazouro (Foz). Cuando llegaba a su casa era muy tarde y su padre no le dejaba salir. La solución fue el matrimonio y también ella se metió de lleno en la fotografía.

El talento de Emilio, heredado de su padre y su abuelo, no tardó en manifestarse. Poco a poco fue alejándose de la calle para centrarse en el estudio y la fotografía artística. La puesta en marcha de Alúmina generó mucha actividad, con casamientos todos los sábados del año (ahora, van de abril a octubre).

Una carrera exitosa

«Mi padre era muy bueno, pero no le dio tiempo a crecer más; era un artista y mi hermano es igual», relata África. Emilio era un fotógrafo creativo, inquieto e innovador, que logró el reconocimiento nacional. Muchos veraneantes le encargaban retratos e incluso le contrataban bodas y otras ceremonias familiares, sobre todo en Madrid. Él iba, pese al pavor que le causaba viajar en avión. Pero su exitosa carrera se truncó. Un aneurisma de aorta le apartó de la fotografía, a los 41 años, la edad a la que había fallecido su padre, el mismo mes de junio, también en Corpus, cuando hacía primeras comuniones en Galdo.

Saúl Jiménez contaba entonces 13 años. Ya hacía tiempo que iba con su padre a las bodas y mandaba a los novios que se besaran para la foto. De Emilio heredó el talento, la mirada, la búsqueda constante de la luz y el encuadre. Luego vino su maestro, el andaluz José Madrid, de quien aprendió todo lo demás.

«Me explicaba 'no te preocupes, que ahora vienen las bodas de Naseiro, en noviembre y diciembre'. Aún ahora hay algún penalti de Naseiro», recuerda Saúl, que ha vivido un cambio importante: «Antes, el fotógrafo salía a la calle a buscar la foto y el año pasado hice 254 sesiones de estudio, casi una al día».

Saúl se dedica al reportaje social, con incursiones en la publicidad e Internet. Con él trabajan sus hermanos, Samuel, en la tienda de Viveiro, y Simón, al frente del negocio abierto en A Coruña. Y su madre, «la más importante, la que tira del carro».