Reportaje | Inmigrantes en la hostelería de Viveiro Los dominicanos aprenden y se adaptan con rapidez a sus nuevos trabajos. Les cuesta, sin embargo, habituarse al clima y a la comida de este lado del Atlántico
08 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Tres días de trabajo no dan más que para un primer balance apresurado. La treintena de dominicanos que recalaron la noche del viernes en Viveiro aprenden con rapidez las maneras de la hostelería de este lado del Atlántico. Con unas pocas horas de transición estos profesionales de la hostelería han pasado de los ritmos pausados de la isla caribeña al acelerón del mes de agosto en Viveiro. Los empresarios están contentos. Y sus nuevos empleados también. Más que empezar a distinguir los vinos o los mariscos de las cartas, les cuesta el clima. «Y un poco la comida, que es muy diferente», reconoce Mariela Melo Peralta, recepcionista de Santo Domingo, de 20 años, que ahora ejerce en el hotel Val do Naseiro. Pero tres días dan para mucho y Mariela, igual que otros compañeros, ya han conseguido teléfono móvil para estar bien comunicados con sus familias. Entre turno y turno, estos jóvenes conviven en los pisos y las casas alquilados a través de Centro Comercial Casco Histórico. «Nos respetamos y compartimos los quehaceres de la casa. Mañana (por hoy) pienso ir al súper a comprar comida», comentó Mariela. Poco a poco, los recién llegados se van haciendo con el nuevo sistema de trabajo y esta vida recién estrenada. Si algo favorece la integración en este entorno ajeno y tan diverso es la propia gente. «Las personas son dulces, muy chévere, igual que los dominicanos», señala, muy satisfecha, la recepcionista.